CONVERSIÓN DEL CORAZÓN
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
(Fuente: Espada de Dos Filos VII, n. 20)
«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
FIESTA DE SAN AGUSTÍN
Evangelio según san Mateo: 23, 8-12
El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.
Hijo mío: «Uno solo es tu Maestro, y el discípulo no está por encima de su maestro. Él no vino a ser servido, sino a servir. El que imita a Cristo, ese vive en la verdad; el que busca a Cristo, encuentra la verdad; el que encuentra la verdad, ama la verdad, porque la verdad es Dios, y Dios es amor.
El que se enaltece crece en vanidad, crece en miseria, porque se aleja de la verdad. En cambio, el que se humilla crece en estatura, en gracia y en sabiduría, porque descubre en sí mismo la verdad, que es Cristo.
La verdadera conversión de un alma está en la humildad, y un alma que se humilla arrepentida encuentra la verdad, y la verdad perdona, sana, renueva.
Quien vive en la verdad despierta al deseo de reparar las heridas causadas, por sus propios errores y por los de los demás, al Sagrado Corazón del amado.
El alma que vive en la verdad es pura y glorifica a Dios, porque solo los humildes le dan gloria.
La verdad lleva a la conversión del corazón, que es la renuncia al pecado para corresponder al amor.
El alma que se hace pequeña ante los hombres se engrandece ante el Señor.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.
Persevera, hijo mío, en la búsqueda de la verdad, y no te rindas hasta conseguir tu conversión, porque tu corazón está inquieto, y no descansará hasta descansar en Cristo, porque tú eres suyo, y lo amas, porque Él te amó primero».
