Mt 9, 32-38 - Anunciar el Evangelio y llevar la paz
Mt 9, 32-38 - Anunciar el Evangelio y llevar la paz
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ANUNCIAR EL EVANGELIO Y LLEVAR LA PAZ

Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre 

(Fuente: Espada de Dos Filos IV, n. 14)

«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19) 

Evangelio según San Mateo: 9, 32-38

Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.

«Hijos míos: con lágrimas suplicantes los llamo, y con poder de Madre los mando: sean obedientes, como niños, y acudan con prontitud a mi llamado, para que construyan el Reino de los Cielos en la tierra. 

Pidan la salvación de todos mis hijos.

Pidan al Padre cosas buenas, con insistencia y con confianza, porque está escrito que el Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a los que se las pidan. 

Oren al Padre para que envíe más obreros a su mies. 

Oren para que los obreros que Dios envía nazcan a la luz y sean portadores de luz, a través de la Palabra y, anunciando el Reino de los Cielos, sean mensajeros de amor, portadores de paz y misioneros de misericordia. 

Ustedes, los que tienen fe, han sido elegidos y han sido enviados a anunciar el Evangelio, como corderos en medio de lobos. Pero no los han enviado solos, Jesús está con ustedes todos los días, y les ha enviado al Espíritu Santo con sus dones, frutos, y carismas, para que nada les falte. 

A ustedes se les dio poder gratuito para que vayan por el mundo a proclamar la Buena Nueva del Reino de los Cielos, y han sido enviados sin pertenencias a llevar la paz al mundo, porque la gracia de Dios les basta. 

A ustedes les ha sido dado el poder de conquistar los corazones del pueblo de Dios. Ustedes son los que preparan los caminos de paz, para que, cuando Cristo vuelva, encuentre a su pueblo reunido en una sola fe.

Yo sufro por los que no los escucharán y por los que no los recibirán, porque ustedes al que llevan y al que entregan es al Hijo de Dios, y el castigo será riguroso para el que, siendo llamado con insistencia, aun así, no le abra la pu    |    erta. 

No se cansen de llamar, no se cansen de insistir y, ante la ingratitud de algunos, vean la generosidad de otros, y sean siempre buenos y misericordiosos».