Mt 9, 35-10, 1. 6-8 - Rogar a Dios que nos conceda sacerdotes santos
Mt 9, 35-10, 1. 6-8 - Rogar a Dios que nos conceda sacerdotes santos
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ROGAR A DIOS QUE NOS CONCEDA SACERDOTES SANTOS

Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre

Fuente: Espada de Dos Filos  VII, n. 10

«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)

FIESTA DE SAN JUAN BAUTISTA MARÍA VIANNEY

Evangelio según san Mateo: 9, 35-10, 1. 6-8

Al ver a la multitud se compadeció de ella.

«Hijos míos: roguemos al dueño de la mies, para que se compadezca de ustedes y envíe más obreros a sus campos. Oremos para que todos los sacerdotes sigan el modelo de Cristo, para que vivan sus ministerios en virtud, y sean ejemplo y guía para la conversión de las almas; para que viviendo en humildad dejen brillar en su persona a Cristo; para que se aparten los demonios que ponen tropiezos en sus caminos; para que vivan con desprendimiento, sin apego a las cosas del mundo, entregando sus talentos y sus dones para servir a la Iglesia, en beneficio de todas las almas.

Cada sacerdote es un tesoro del Hijo de Dios para el mundo. Su ministerio sacerdotal es el amor de su Sagrado Corazón. Oremos para que cumplan con ese amor su misión, y le entreguen al Señor lo que le pertenece, porque el precio de su preciosa sangre lo merece; que se llenen de valor y acudan al confesionario a perdonar, a aconsejar, a corregir el camino de los que vagan perdidos, y se dejen encontrar como el Buen Pastor compadecido, pero también como el cordero herido que necesita compasión de su Pastor, y pide perdón, pide consejo, y sigue el camino correcto para llevar con seguridad al pueblo de Dios a su encuentro, con disposición, con amor, y con buen ejemplo.

Hijos míos, tengan ustedes los mismos sentimientos que Cristo, y su deseo ferviente por la salvación de las almas. Oremos para que mis hijos sacerdotes sean como Cristo,  siguiendo el modelo y el ejemplo de humildad y de virtud de aquel hombre que, dejándolo todo, tomó su cruz y lo siguió; que se olvidó de su humanidad para mostrar la divinidad de Cristo, humanidad que Satanás azotaba sin piedad, y que los ángeles le recordaban que tenía que cuidar, cuando le daban de comer, y lo hacían descansar, mientras él se desprendía de todo lo que tenía para servir a los demás, con el ardiente deseo de salvar muchas almas y llevarlas al cielo: San Juan María Vianney, que por su vida y su ministerio es llamado el Santo Cura de Ars, modelo de sacerdotes, para que, siguiendo su ejemplo, sean en Cristo verdaderos sacerdotes».