ANUNCIAR EL EVANGELIO Y LLEVAR LA PAZ
Meditando el Evangelio desde el Corazón de la Madre
(Fuente: Espada de Dos Filos IV, n. 14)
«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2, 19)
Evangelio según San Mateo: 9, 32-38
Rueguen al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos.
«Hijos míos: con lágrimas suplicantes los llamo, y con poder de Madre los mando: sean obedientes, como niños, y acudan con prontitud a mi llamado, para que construyan el Reino de los Cielos en la tierra.
Pidan la salvación de todos mis hijos.
Pidan al Padre cosas buenas, con insistencia y con confianza, porque está escrito que el Padre que está en los Cielos dará cosas buenas a los que se las pidan.
Oren al Padre para que envíe más obreros a su mies.
Oren para que los obreros que Dios envía nazcan a la luz y sean portadores de luz, a través de la Palabra y, anunciando el Reino de los Cielos, sean mensajeros de amor, portadores de paz y misioneros de misericordia.
Ustedes, los que tienen fe, han sido elegidos y han sido enviados a anunciar el Evangelio, como corderos en medio de lobos. Pero no los han enviado solos, Jesús está con ustedes todos los días, y les ha enviado al Espíritu Santo con sus dones, frutos, y carismas, para que nada les falte.
A ustedes se les dio poder gratuito para que vayan por el mundo a proclamar la Buena Nueva del Reino de los Cielos, y han sido enviados sin pertenencias a llevar la paz al mundo, porque la gracia de Dios les basta.
A ustedes les ha sido dado el poder de conquistar los corazones del pueblo de Dios. Ustedes son los que preparan los caminos de paz, para que, cuando Cristo vuelva, encuentre a su pueblo reunido en una sola fe.
Yo sufro por los que no los escucharán y por los que no los recibirán, porque ustedes al que llevan y al que entregan es al Hijo de Dios, y el castigo será riguroso para el que, siendo llamado con insistencia, aun así, no le abra la pu | erta.
No se cansen de llamar, no se cansen de insistir y, ante la ingratitud de algunos, vean la generosidad de otros, y sean siempre buenos y misericordiosos».
