Mc 2, 13-17 - Conversión completa
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CONVERSIÓN COMPLETA

EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN

Para reflexionar en el silencio interior

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió» (Mc 2, 14)

Madre nuestra: cuando medito en esa escena del Evangelio, de la llamada que hizo Jesús a San Mateo para seguirlo, no puedo dejar de pensar en que le habrá costado mucho dejar todo lo que tenía. Pero estoy seguro de que él siempre pensó que salió ganando. No le satisfacía el género de vida que llevaba, traía en su alma la inquietud de convertirse, y sabía que Jesús le ofrecía eso que necesitaba. Por eso no dudó en decir que sí, e incluso en celebrar esa llamada con sus amigos, porque estaba verdaderamente alegre, muy contento.

Yo sé que todos necesitamos una conversión completa, independientemente del género de vida que llevemos. Debemos reconocernos pecadores, y decidirnos a seguir a Jesús, siguiendo sus huellas, que están en el Santo Evangelio y en la predicación autorizada de la Iglesia.

Tú eres Madre de Misericordia. Consígueme la gracia que necesito para lograr esa completa conversión, y ayúdame a superar las dificultades que se me presenten en el camino.

Hijo mío: vive en la alegría de seguir a Cristo.

A ti, pecador te concibió tu madre. Pero Jesús, el Hijo de Dios, vino por ti para sanarte, murió en la cruz por ti, para perdonarte, para redimirte, para salvarte.

Alégrate, porque has sido llamado y has sido elegido para seguirlo. Eres un privilegiado, porque puedes ser llamado cristiano.

Escucha la Palabra del Señor, que te llama, que te dice: “ven, y sígueme”, reconociéndote pecador, necesitado de su misericordia y de su perdón.

Recibe su gracia para que experimentes una completa conversión, y vayas a donde va Él, siguiendo sus huellas, haciendo las mismas obras que Él.

Síguelo con alegría, a pesar de las dificultades, de las enfermedades, de los obstáculos, de los problemas, de las persecuciones.

Has sido elegido para vivir en su Paraíso. Tú sigues al Amor, que es Cristo, y el amor todo lo puede, todo lo soporta, todo lo alcanza.

Vive en el Amor. Siente la alegría que se manifiesta en ti, cuando dices “sí”. Es la alegría del Divino Amor, que vive en ti, que llena y desborda tu corazón.

Agradece a tu Señor por haber venido a buscarte, y síguelo, porque Él no ha venido a buscar a justos, sino a pecadores, para convertirlos en fieles seguidores, y transformarlos en hombres justos, dignos de ser llamados hijos de Dios.

Alégrate si eres perseguido por su causa, porque eso es señal de que has aceptado su llamado, te has levantado, y lo has seguido. Y Él camina guiando, como Buen Pastor, a su rebaño, a verdes praderas, para hacerlos descansar.

Síguelo, y encontrarás las puertas del cielo abiertas, y el Paraíso esperando por ti. Y, en él, el abrazo misericordioso del Padre que, a través del Hijo, te dice: “ven a mí”. Y que se alegra con los ángeles y los santos, y el cielo se viste de fiesta, porque estabas perdido y has sido encontrado, estabas muerto, y has vuelto a la vida.

Alégrate por haber comprendido que renunciar al mundo, para seguir a Cristo, vale la pena.

Yo me alegro contigo, y te acompaño, cuidándote en el camino, para que nunca te pierdas, para que no te alejes del rebaño, para que sigas a Cristo.

¡Ven, toma mi mano!

¡Muéstrate Madre, María!

(En el Monte Alto de la Oración, n. 9)