Lc 6, 27-38 - Amar con perfecto amor
Lc 6, 27-38 - Amar con perfecto amor
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AMAR CON PERFECTO AMOR

EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN

Reflexión desde el Corazón de María

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 «Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno hasta con los malos y los ingratos» (Lc 6, 35) 

Madre nuestra: el Santo Evangelio está lleno de referencias al amor al prójimo, al mandamiento del amor. Jesús nos enseñó a amar a los demás, con sus palabras y con sus obras, entregando su vida por nosotros, hasta morir en la cruz, perdonando a los que no saben lo que hacen.

Pero qué difícil es amar a los enemigos, a los que no nos quieren, a los malos y a los ingratos. Parecería que Jesús nos está pidiendo algo imposible. Por eso nos dejó el máximo ejemplo con su vida, desde su encarnación hasta la cruz.

Y la fe nos dice que sí vamos a poder, porque también contamos con la gracia de Dios para hacerlo. No nos faltará la ayuda del Espíritu Santo, con sus dones y sus frutos. A nosotros nos toca que se cumpla aquello que aseguró Jesús en la Última Cena: “en esto conocerán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”.

Tú amas, Madre, con perfecto amor, porque nos amas a todos tus hijos, a los buenos y a los malos, a los justos y a los injustos, y nos quieres a todos en el cielo. ¿Qué nos aconsejas para poder cumplir lo que nos pide Jesús?

Hijos míos: escuchen la Palabra de Jesús y hagan lo que Él les dice.

Sean misericordiosos, como el Padre del cielo es misericordioso. Porque está escrito que con la misma medida que ustedes midan a los demás, serán medidos.

Y esto debe darles mucha alegría, porque la Palabra de Dios es justa y verdadera, y Él ha prometido que los que lo obedezcan y sean misericordiosos, recibirán misericordia.

Si alguno quiere conocer el camino, si alguno quiere descubrir la verdad, si alguno quiere tener vida, que conozca a Cristo y que lo siga, que lo escuche y haga lo que Él le diga. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre si no es por Él.

La Palabra de mi Hijo es clara y fuerte. Amen con perfecto amor. Eso es lo que Él nos enseñó.

Amen a sus enemigos, oren por los que los persiguen, ofrézcanle la otra mejilla a los que los difaman y los dañan.

Denle al que les pida, presten sin esperar nada a cambio, hagan la caridad con todos, especialmente con los más necesitados, que son aquellos que no aman a Dios, que lo ofenden cometiendo los más graves pecados y faltas de caridad, también contra ustedes y sus hermanos.

Amen a los que los aman, correspondan a ese amor que, cuando es puro, se nota, porque proviene de Dios.

Pero también amen a los que no los aman, a los que los odian, los juzgan injustamente, se burlan de sus buenas obras y no creen en la buena intención de ustedes.

Den a aquellos egoístas y a los que les tienen envidia. Denles lo más sagrado que ustedes tienen, su mayor tesoro, que es Cristo. Él es el perfecto amor. Él les ha enseñado a amar.

El Espíritu Santo ha infundido en sus corazones la capacidad de amar como ama Cristo, hasta el extremo. Con ese amor lleven su testimonio a todos ellos, para que conozcan a Cristo, para que amen a Cristo, y se arrepientan y se conviertan.

Denle amor al que no tiene, para que pueda amar a Dios, porque nadie puede dar lo que no tiene. Ustedes tienen amor de Dios.

Sean compasivos y misericordiosos con los malos y los ingratos, porque no conocen al verdadero amor. Trátenlos como a ustedes les gustaría que a ustedes los traten. Cuando ellos les ofrezcan lo peor de sí mismos, ustedes denles lo mejor. Ese es el perfecto amor.

Alégrense porque ustedes creen. Pongan en obra su fe para que glorifiquen al Señor.

Oren, oren, oren por sus enemigos, por los que ofenden a Dios.

Hagan penitencia, pidiendo perdón por las ofensas de los pecadores, y ustedes recibirán misericordia y perdón para sus almas, y serán colmados de la paz de mi Corazón Inmaculado.

Yo amo a justos y pecadores por igual, porque todos los hijos tienen un lugar en el corazón de su Madre, que ante el amor no distingue: desea que sus hijos sean tratados de igual manera, con perfecto amor.

¡Muéstrate Madre, María!

(En el Monte Alto de la Oración, n. 18)