GLORIFICAR A CRISTO
EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN
Para reflexionar en el silencio interior
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Contestó Jesús: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes» (Jn 8, 54-55).
Madre nuestra: el Señor les estaba revelando a los judíos verdades maravillosas con relación a su filiación al Padre, a su condición divina. Y se apoyaba para eso en la fuerza de sus palabras y de sus obras. Además, el día de su bautismo en el Jordán se había escuchado la voz del Padre diciendo: “este es mi Hijo el amado, en quien tengo mis complacencias”. No podían dudar de sus palabras.
Sin embargo, los judíos no creían a Jesús, y se escandalizaban de sus palabras, al punto de quererlo apedrear. Pero el Señor quería dejar claro que Él es Dios, y que existe desde antes que naciera Abraham.
Era importante dejar clara esa verdad, porque la fe de la Iglesia se apoya en creer en Dios Padre, y en Jesucristo su único Hijo. Y es una verdad que es necesario creer para salvarse. Y nosotros debemos ser fieles a sus palabras, para alcanzar vida eterna.
Necesitamos la ayuda del Espíritu Santo para fortalecer nuestra fe, meditando en la Palabra de Dios, que es viva y eficaz, y nos muestra cuál es la voluntad de Dios para nosotros. Si nos esforzamos por cumplirla, podremos glorificar a Dios con nuestra vida y alcanzar vida eterna.
Tú eres modelo, Madre, de escucha y obediencia. Consigue para nosotros la gracia de tener una fe fuerte, para creer firmemente en la Palabra de Dios, y la pongamos por obra en nuestra vida, para gloria de Dios.
Hijo mío:
Vamos a contemplar la gloria de Dios desde el monte alto de la oración.
La gloria de Dios se contempla en Cristo. El Padre ha glorificado al Hijo, y todo aquel que conozca al Hijo, conoce al Padre.
Todo aquel que cree en el Padre debe creer en el Hijo, y en que, si guarda su Palabra y es fiel a sus mandamientos, será glorificado por Él en la vida eterna.
Cristo es el Señor para gloria de Dios Padre.
Alaba al Señor con estas palabras y guárdalas en tu corazón.
Enseña, con tus virtudes y tu ejemplo de vida, a otros, a glorificar a Dios haciendo siempre lo que Él te diga a través de sus palabras escritas en el Evangelio.
Cree que, aunque esas palabras han sido escritas de puño y letra por los evangelistas, es Palabra de Dios, porque es obra del Espíritu Santo, que glorifica al Padre y al Hijo en el amor, obrando a través de los hijos de Dios que son dóciles a sus mociones e inspiraciones y transmiten fielmente lo que Él quiere.
Cree en que las palabras de mi Hijo son palabras de vida eterna, y en que Él es quien te da la vida, muriendo por ti en la cruz, destruyendo la muerte y resucitando al tercer día, para abrirte las puertas de su Paraíso.
Cree que Jesús es el Hijo único de Dios, porque esa es la verdad, y quien conoce la verdad alcanza la libertad, para entrar en la gloria de Dios Padre y en su eternidad, porque esa es su divina voluntad.
Hijo mío: glorifica a Cristo con tu vida.
¡Muéstrate Madre, María!
(En el Monte Alto de la Oración, n. 218)
