Jn 10, 31-42 - Las Obras de Dios
Jn 10, 31-42 - Las Obras de Dios
00:00
00:00

LAS OBRAS DE DIOS

EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN

Reflexión desde el Corazón de María

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«Si no hago las obras de mi Padre, no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean a las obras, para que puedan comprender que el Padre está en mí y yo en el Padre» (Jn 10, 37-38).

Madre nuestra: los judíos querían apedrear a Jesús, acusándolo de blasfemo, porque decía que es Hijo de Dios. Pero el Señor no solo lo decía, sino que realizaba muchas obras buenas de parte del Padre, demostrando así la verdad de sus palabras.

En aquella parábola del rico epulón y el pobre Lázaro, Jesús pone en boca de Abraham aquellas palabras donde advierte que si no creen en Moisés y en los profetas, no van a creer, aunque resucite un muerto.

Y es que hay personas que lamentablemente no quieren creer, aunque las pruebas sean evidentes. A Jesús algunos no le creían, aunque eran patentes las obras que hacía mostrando su divinidad. No va a ser diferente con sus discípulos, quienes solo son instrumentos de las obras de Dios.

A nosotros nos toca creer, tener fe en que el Señor hará sus obras a través de nosotros si lo dejamos actuar. Tenemos el ejemplo de todos los santos que ha dado la Iglesia, quienes hicieron locuras por amor de Dios, fruto de su fe, y que ahora son modelo para que hagamos lo mismo. Tu ayuda, Madre, sabemos que no nos faltará.

Danos tú también la valentía para defender nuestra fe en ambientes adversos, sabiendo que Dios no pierde batallas. Que nos llenemos de Jesús meditando el Evangelio, aprendiendo de Él a dar nuestra vida, haciendo, defendiendo y promoviendo las obras de Dios.

 

Hijo mío:

Ven conmigo. Vamos a orar y a meditar.

Considera tu fe como el gran don de Dios que es.

Atesórala, cuídala, aliméntala, manifiéstala, valórala, acéptala. Conviértete y cree en el Evangelio.

No seas incrédulo, sino creyente. Admira las obras de Dios y cree en Jesucristo, su único Hijo, que es quien las hizo, porque por Él fueron creadas todas las cosas.

Admira en ti su creación.

Tú eres una obra de Dios, y quien no crea en sus palabras, creerá por sus obras.

Atrévete a manifestarle al mundo la fe que hay en ti. Muchos creerán por ti.

Tú eres una obra de Dios maravillosa.

Deja que el mundo te vea, que conozca tu corazón, que se enamore de Cristo, que vive en ti, al ver todo lo que Él realiza a través de ti.

Abre tus ojos y tu corazón a la fe.

Confía en mí, que soy tu Madre.

Agradece al Señor, que te formó en el vientre de tu madre, que te dio la vida y te dio gracia y sabiduría para crecer en medio del mundo.

Honra a tu madre de sangre, haciendo las obras de Dios, llevando la fe y la tradición de tus padres a los corazones de los incrédulos, que carecen de vida, porque no creen en el Hijo de Dios.

Tu fe puede darles vida. Tú tienes palabras de vida en el Evangelio.

Tú puedes hacer las obras de Dios dando vida espiritual a aquellos que te hacen la guerra, porque no han conocido la paz que solo Cristo les puede dar.

Ten el valor de manifestar abiertamente tu fe, de decir la verdad, seguro de que estás protegido por la gracia de Dios.

Yo te acompaño, hijo mío. Tus obras dan testimonio de mí y de que eres verdadero hijo mío, porque las obras de Dios se engendran primero en mi corazón.

Hijo mío: duele mi corazón.

Por aquellos que no creen y que acusan injustamente al Hijo de Dios de decir mentiras y blasfemias, y no se dan cuenta de que Él no puede contradecirse a sí mismo.

Él es la Verdad.

Él es el Hijo de Dios.

Y este corazón mío sufre por ellos, que también son mis hijos, y se condenan a sí mismos por no querer creer en el Hijo de Dios.

Ora por los pecadores, por su conversión, para que en ellos se vean las maravillosas obras de Dios.

¡Muéstrate Madre, María!

(En el Monte Alto de la Oración, n. 219)