27/08/2026

Mt 24, 42-51 - ENTREGAR BUENAS CUENTAS

ENTREGAR BUENAS CUENTAS

EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN

Reflexión desde el Corazón de María

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«Al que mucho se le da, se le exigirá mucho; y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más» (Lc 12, 48)

Madre nuestra: en la vida de los hombres estamos acostumbrados a que debemos dar buenas cuentas cuando se nos confía algún bien. Desde pequeños, aprendimos a saber corresponder a todo lo que recibíamos en la familia y en la escuela. Se nos pedían buenos resultados.

En el ambiente profesional se exige rendimiento, entre otras cosas, porque de eso depende la compensación económica. Y eso motiva para hacer las cosas bien, y para esforzarse para que sea cada vez mejor.

Los ciudadanos son muy exigentes con sus gobernantes para que correspondan con su buena gestión a todo lo que reciben con los impuestos: deben entregar buenas cuentas al final de su mandato.

No puede ser menos cuando se trata de corresponder a todos los dones que hemos recibido de Dios. El Señor es el Justo Juez, y es Él quien nos otorga todos los medios que necesitamos para alcanzar la vida eterna. Al final de nuestra vida nos pedirá cuentas hasta del último centavo.

Cada uno de nosotros debe reconocer, en un examen sincero, todas las gracias recibidas de Dios en esta vida, y poner todos los medios para corresponder generosamente, sabiendo que Él no se deja ganar en generosidad y, si somos fieles, el premio será grande y para siempre.

Madre de Dios, Abogada nuestra, sabemos que contamos con tu ayuda. Concédenos no perder nunca la mira sobrenatural para estar siempre guardando tesoros en el cielo, con la ilusión también de contemplarte a ti en la gloria.

Hijo mío: el Señor te ha bendecido, te ha dado mucho a través del don del Bautismo.

Te ha dado la fe, la esperanza y la caridad, para que con estas tres virtudes perfecciones tu alma, dirijas tu vida, y alcances la santidad.

Te ha hecho hijo por filiación divina, y te ha dado su Paraíso como heredad.

Te ha dado como madre en este mundo a la Santa Iglesia, para que te acoja en su seno, te alimente, te haga crecer en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Te ha dado dones y carismas para que los pongas a su servicio.

Te ha dado una ley para que te rija y te conserves en el camino, la ley del amor, para que ames a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Te ha dado los medios para que permanezcas unido a Cristo a través de los sacramentos.

Te ha dado poder para rechazar el mal y elegir el bien, y para obrar en su nombre, colaborando en el plan de Dios para la salvación de todos los hombres, a través de la evangelización.

Te ha confiado ese deber, y te da la oportunidad de formarte, de prepararte, para que cumplas bien con tu deber.

Te ha dado a su Madre para que te acompañe, para que interceda por ti y no te falte lo necesario para vivir, y para, a través de tu apostolado, al Señor servir.

Te ha dado el ejemplo y el testimonio de los santos, para que los admires, para que tengas alguien cercano a quién seguir, con quien compartas el mismo carisma. Por eso hay tantos, tú puedes elegir.

Te ha dado a los ángeles para que te cuiden, te protejan y no te dejen caer.

Te ha enviado al Espíritu Santo para que te llene de Él, y con su gracia, al mundo puedas vencer.

Dios Padre te ha dado a su único Hijo para perdonarte y salvarte, pagando tu deuda con su bendita sangre.

Infinitas bendiciones has recibido de Dios. Y un día te llamará para que te presentes ante Él, y te pedirá cuentas. Será exigente, porque te ha dado mucho.

Pero no espera que tú hagas alguna cosa por tu cuenta, no podrás. Él espera de ti que pidas su gracia, que te abandones a su misericordia, que le entregues tu vida y le digas: “Aquí estoy, Señor, bien dispuesto, con el corazón abierto para recibir tu gracia, y seas tú quien obre por mí, seas tú y no yo quien viva en mí”.

Yo te aconsejo, hijo mío, que te prepares para ese día, que puede ser mañana, que puede ser dentro de muchos años. Pero que también puede ser hoy.

Porque crees en la Palabra de tu Señor, crees también que Él vendrá de nuevo con todo su poder y su gloria. Y crees también, porque así está escrito, que nadie sabe ni el día ni la hora.

Persevera en oración fortaleciendo con tus obras tu fe, tu esperanza y tu caridad, preparando tu morada, fortalecida en el amor de Dios, para que, cuando Cristo venga, le entregues buenas cuentas y te diga: “Ven conmigo a presentarte delante de mi Padre, para mostrarle la gloria que, a través de ti, le ha dado el Hijo al Padre por el Espíritu Santo”.

Entonces recibirás la heredad que el Señor tiene para ti, tu lugar en el Paraíso que Él mismo ha preparado, para que goces con Él de su eterna gloria.

¡Alégrate, porque tu nombre está escrito en el cielo!

¡Muéstrate Madre, María!

(En el Monte Alto de la Oración, n. 141)