REZAR POR LOS SACERDOTES
EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN
Reflexión desde el Corazón de María, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Parece como muy oportuna la propuesta, hecha por la Congregación para el Clero, de celebrar en cada diócesis una “Jornada para la Santificación de los Sacerdotes” con ocasión de la fiesta del Sagrado Corazón, o en otra fecha más adecuada a las exigencias y costumbres pastorales de cada lugar. Hago mía esta propuesta deseando que esta Jornada ayude a los sacerdotes a vivir conformándose cada vez más plenamente con el corazón del Buen Pastor»
(San Juan Pablo II, Carta a los Sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, 25 de marzo de 1995).
Madre nuestra: todos los años, el día de la celebración de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el pueblo cristiano se une en oración para pedir a Dios por la santificación de los sacerdotes. Es verdad que hay otras fechas señaladas en el año para pedir por esa intención, como es el Jueves Santo, celebrando la institución del sacerdocio; en la fiesta del San Juan María Vianney, patrono de todos los sacerdotes; y el día de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote; pero la fiesta de hoy me hace recordar precisamente las palabras del Santo Cura de Ars: “el sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús”.
Quizá hay personas que piensen que no hace falta rezar por los sacerdotes, porque consideran que rezamos mucho y somos muy santos. Y creen que más bien somos nosotros los que debemos rezar por los demás, que para eso es nuestro ministerio.
Sí, debemos rezar mucho por los demás, pero también es verdad que necesitamos mucho la oración del pueblo cristiano, precisamente para que podamos cumplir muy bien con nuestro ministerio, convertirnos y alcancemos la santidad.
Madre nuestra, auxilio de los cristianos: ruega por tus sacerdotes.
Hijos míos: oren por los sacerdotes. Consagren sus vidas por ellos a mi Inmaculado Corazón y al Sagrado Corazón de Jesús.
Cuando ustedes oran por los sacerdotes abundantes gracias reciben ellos, por la alegría que hay en el cielo, porque la oración de los fieles da frutos de conversión en los sacerdotes cuando es oración de reparación.
Ustedes, que hacen todo por amor de Dios y aman a Jesús, están dispuestos a hacerse ofrenda de mis manos, para ser unida a su único y eterno sacrificio, para que sea transformada en ofrenda agradable al Padre.
Tienen el poder, quienes han recibido la vocación a la Maternidad Espiritual y Custodia de sacerdotes, que les ha dado Él, de reparar las heridas causadas a su Sagrado Corazón por los pecados de sus sacerdotes.
Oren por todos los sacerdotes, para que ellos tengan la fuerza de renunciar al mundo, porque ellos viven en medio del mundo, pero no son del mundo.
Ellos son hombres sagrados, con Cristo Jesús configurados, pero conservan la herida del pecado y la debilidad de la carne, y las tentaciones que les presenta el enemigo son muy grandes.
El que ora por un sacerdote lo ayuda a resistir ante la tentación, a servir al Señor con más amor, a cumplir con devoción su ministerio, y a conducir bien a su pueblo. Y, en medio de ese pueblo, están los parientes de ustedes, y también están ustedes.
Por tanto, orar por los sacerdotes conviene, y además le dan gloria a Dios, porque hacen lo que Él quiere, cumplen su voluntad, llenan el Sagrado Corazón de alegría cuando un sacerdote se convierte.
Reparen el Sagrado Corazón de Jesús amando al mismo Cristo en cada sacerdote, viviendo en medio del mundo con gratitud hacia ellos, porque son quienes les abrirán las puertas del cielo a través de los sacramentos.
Santifiquen su vida y ofrézcanla a Dios por ellos.
Practiquen las catorce obras de misericordia con ellos.
Tengan caridad, y ayúdenles a conseguir los medios para que puedan realizar con eficacia y con amor sus ministerios.
Oren por los sacerdotes. Por los que tienen cerca, por los que están lejos, por los que conocen y por los que ni siquiera han oído hablar de ellos.
Oren por todos y por cada uno, porque ustedes aman a Jesús, y al amado se le da lo que más desea: sacerdotes santos.
Es el deseo del Sagrado Corazón de Jesús. Él tiene sed de almas sacerdotales santas. Denle de beber, calmen su sed.
Oren por todos los sacerdotes, y obtendrán como fruto la unidad de la Iglesia.
Hijos míos:
Si les preocupa la juventud, si se angustian por sus hijos, oren por los sacerdotes.
Si luchan por defender la vida, oren por los sacerdotes.
Si buscan la justicia y la paz, oren por los sacerdotes.
Si desean unidad en sus familias, oren por los sacerdotes.
Si desean matrimonios santos, que permanezcan juntos cumpliendo sus promesas de fidelidad, oren por los sacerdotes.
Si desean preservar la inocencia de los niños y su alegría, oren por los sacerdotes.
Si quieren alejar a los jóvenes de los vicios, oren por los sacerdotes.
Si desean alcanzar su propia santidad, oren por los sacerdotes.
Si desean un mundo mejor, en donde reine el amor, oren por los sacerdotes.
Si desean contribuir en un nuevo futuro para la humanidad, oren por los sacerdotes.
Si desean con sus oraciones y sacrificios a Dios agradar, y a su Madre del cielo alegrar, oren por los sacerdotes.
Les aseguro, hijos míos, que su recompensa será grande en el cielo, porque hay más alegría en el cielo por un sacerdote que se convierte y se santifica, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión.
Cristo merece que todos aquellos a quienes vino a salvar, por quienes entregó su vida derramando su sangre hasta la última gota cuando su corazón fue traspasado, se conviertan, acepten la salvación, y vivan eternamente con Él en su Paraíso.
Primero sus amigos, porque ellos tienen la misión de reunir a todo el pueblo de Dios en un solo pueblo santo, con Cristo, Buen Pastor, representado en cada sacerdote.
Atiendan los ruegos de su Madre.
Oren por los sacerdotes y reparen con amor las ofensas cometidas contra el Sagrado Corazón.
Hagan un acto de desagravio orando por la conversión de los sacerdotes, y pidiendo la gracia para que sean santos.
Orando por los sacerdotes, y llevándoles mi ternura maternal y mi misericordia, es como ustedes me acompañan.
Esta es “La Compañía de María, Madre de los Sacerdotes”, por la que el cielo se llenará de alegría.
Yo les agradezco, y en mi Corazón Inmaculado, unido al Sagrado Corazón de Jesús, los conservo.
¡Muéstrate Madre, María!
(En el Monte Alto de la Oración, n. 94)
