NUESTRO ÁNGEL CUSTODIO
EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN
Reflexión desde el Corazón de María
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo» (Mt 18, 10).
Madre nuestra: cuando la Sagrada Escritura habla sobre el número de ángeles que hay en el Cielo, solo hay un pasaje del libro de Daniel que dice que hay “miles de millares”, lo cual hay que interpretar como que es un número inmenso, incalculable.
Y la doctrina de la Iglesia nos enseña que cada uno de nosotros tiene su propio ángel custodio, que nos acompaña todo el tiempo y nos ayuda en nuestro camino al cielo. Hay el riesgo de pensar que es una creencia solo para niños, para que se sientan protegidos por Dios. Sin embargo, la existencia de los ángeles ha sido tratada seriamente por el Magisterio de la Iglesia, así como en los escritos de los santos y de muchos autores espirituales.
Aparecen mencionados en la Sagrada Escritura varias veces, como fieles servidores de Dios, enviados para misiones muy concretas en la historia de la salvación. Nos cuenta, por ejemplo, el libro de los Hechos de los Apóstoles, que cuando san Pedro fue liberado de la cárcel, los discípulos no podían creerlo, y decían: “será su ángel”. Desde el principio estaban convencidos de esa presencia celestial junto a cada uno de nosotros.
Tú eres, Madre, Reina de los ángeles, y están todos a tu servicio. Nos queda claro que la misión que Dios les encomendó a nuestros custodios consiste en llevarnos al cielo. Pero, dinos, Madre, ¿cómo podemos aprovechar mejor ese regalo de Dios? ¿Cómo podemos tenerles más devoción y qué cosas debemos pedirles.
Hijo mío: a los que son como niños, el Señor les tiene preparado un lugar en el Paraíso.
De los que son como niños es el Reino de los Cielos. Y Él, que es tan bueno, le da un regalo precioso a sus herederos desde que son engendrados en el vientre de su madre: les encomienda un ángel, y los pone bajo sus cuidados.
Un ángel del cielo que vela por ellos día y noche hasta la hora de su muerte, y después, en su juicio particular, está presente abogando por ellos, para que el Señor les conceda entrar al Cielo, y no separarse de ellos jamás. Adorar, alabar y bendecir al Señor con ellos, por toda la eternidad.
Su nombre es “ángel custodio”.
Cada quien tiene uno particular.
El Señor te conoce, hijo, desde antes de nacer. Desde antes de que fueras concebido Él ya te tenía pensado, ya sabía cómo ibas a ser, y te puso al cuidado de un ángel custodio de acuerdo a lo que Él sabe que tú necesitas, porque los ángeles, hijo mío, no son todos iguales. Cada uno es un ser espiritual individual con una misión particular.
Por eso, tu ángel es solo tuyo. El Señor lo creó para ti porque tú has sido creado para el Señor.
Tu ángel custodio está al servicio de Dios, y su servicio es ayudarte, acompañarte, auxiliarte, asistirte en todas tus necesidades, guiarte, allanarte el camino, conseguirte los medios que necesitas para cumplir la voluntad de Dios.
El Señor conoce tu fragilidad, tu debilidad, y también tus fortalezas.
Todos tus dones Él te los dio.
Eres suyo, Él te creó. Y en su bondad, desde antes de que tú nacieras, desde antes de que tú existieras, un ángel PARA TI creó.
Tanto te ama tu Padre Dios, que te da total libertad para que uses tu voluntad como tú quieras. Pero es un Dios precavido, siempre se adelanta en tu camino, y a través de tu ángel custodio, te convence con su amor para que vuelvas a Él; para que desees con todas tus fuerzas heredar su Paraíso; para que, a pesar de tus errores, tus pecados, tus traiciones, tu pie no tropiece y te pierdas en el abismo para siempre, sino que te arrepientas, te conviertas, pidas perdón, y la sangre preciosísima de su Hijo Jesucristo te merezca la redención.
Ojalá seas consciente de este maravilloso regalo que Dios te ha dado y trates con respeto y veneración, con piedad y devoción, a tu ángel de la guarda.
Su misión eres tú. Él desea estar junto a ti y ayudarte siempre en todo lo que necesites para presentarle al Señor tus ofrendas, conservando tu alma de niño, conservándote puro y santo junto a mí, mientras él contempla constantemente el rostro de Dios Padre, y consigue de Él grandes gracias para ti.
Tú tienes en tu ángel custodio al mejor de los amigos, al mejor de los consejeros, al mejor de los guías, al mejor de los guerreros, que te protege de las acechanzas de los espíritus malignos noche y día.
Agradece tan maravilloso regalo.
No lo ofendas con tu indiferencia. Es un ser inteligente. Aprovecha sus cualidades para que sepas hacer lo que te conviene. Y alégrate, porque nunca estarás solo. Ese ángel te acompañará siempre. Es un ángel obediente que hace la voluntad de Dios siempre.
Y si tú te desvías del camino, te ayudará, por ti intercederá, cuidará tu cuerpo, cuidará tu alma.
Él viene a la tierra a enfrentar tu propia batalla espiritual. Su victoria es tu victoria, y un ángel de Dios jamás por vencido se da. No hay hombre que pueda destruirlo.
Su lucha es contra los espíritus malignos que vagan por el mundo deseando tu mal. Para vencer, tu ángel custodio necesita tu docilidad, tu fe, tu colaboración, tu amistad, tu fidelidad, para dejarte por él guiar y conducir A LA PATRIA CELESTIAL.
He ahí tu seguridad.
Créelo.
No es fantasía.
Tu ángel custodio ES REAL.
¡Muéstrate Madre, María!
(En el Monte Alto de la Oración, n. 199)
