28/07/2026

Mt 13, 31-35 - ESPIRITU MISIONERO

ESPÍRITU MISIONERO

EN EL MONTE ALTO DE LA ORACIÓN

Reflexión desde el Corazón de María

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«El Reino de Dios se parece a la semilla de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció y se convirtió en un arbusto grande y los pájaros anidaron en sus ramas» (Lc 13, 19).

Madre nuestra: la doctrina de la Iglesia nos enseña con mucha claridad cuál fue el plan de salvación que Dios hizo para toda la humanidad, después de la caída de nuestros primeros padres.

La Carta a los Hebreos comienza diciendo que en diversos momentos y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medios de los profetas, y en estos últimos días nos ha hablado por medio de su Hijo.

Tu Hijo Jesús vino a establecer el Reino de Dios, pagando con su pasión y su cruz el precio de nuestro rescate, y dejándonos los medios necesarios para poder pertenecer a ese Reino, respetando nuestra libertad.

Entre esos medios contamos con la gracia, que recibimos por los sacramentos, y también su bendita Palabra, que ilumina nuestro camino.

Los que hemos conocido a Cristo sabemos que el Reino de Dios está dentro de nosotros, y que debemos dar fruto, como esa pequeña semilla de mostaza que se convierte en un árbol frondoso.

Ayúdanos, Madre, a ser conscientes de nuestra responsabilidad, como bautizados, de extender el Reino de Dios en todo el mundo, llevando la Palabra de tu Hijo a los que aún no lo conocen.

Hijo mío: el Señor vino al mundo a establecer su Reino, que no es de este mundo, como Él tampoco es de este mundo.

Por su misericordia, trajo la liberación a la humanidad, que estaba encadenada al mundo, pagando el rescate de la humanidad con su bendita sangre.

Le concedió a cada uno la posibilidad de ser ciudadanos del Reino de los Cielos, otorgándoles la libertad, para decidir pertenecer a su Reino o volverse contra Él.

El Reino de Dios está en cada uno. El Señor les dio la fe, la esperanza, y la caridad, y los medios para cultivar estas tres virtudes dentro del seno de la Santa Madre Iglesia, para que crezcan en estatura, en sabiduría y en gracia ante los hombres y ante Dios, y sean así dignos de merecer habitar en el Reino de Dios en el cielo por toda la eternidad.

 Como pequeña semilla el Señor ha sembrado en ti su Palabra, para que crezcas como un gran arbusto y extiendas tus ramas llevando la fe, la esperanza, y la caridad a aquellos que aún no lo han conocido, evangelizando a los que viven en la ignorancia, llevándoles la verdad, para que encuentren el camino y salgan de la oscuridad, y vayan a su admirable luz.

Tú, católico misionero, lleva las buenas noticias al mundo entero. Forma tu conciencia conociendo la doctrina, para que te transformes en levadura y afectes positivamente todos los ambientes, fermentando los corazones de la gente para que crezcan en el amor.

Todo bautizado es un enviado del Señor a llevar el Evangelio a todos los pueblos. Acepta tu responsabilidad, descubre tu espíritu misionero, y extiende el Reino de Dios en el mundo entero.

Tu recompensa será grande en el Reino de los Cielos.

Yo te acompaño.

¡Muéstrate Madre, María!

(En el Monte Alto de la Oración, n. 54)