Mc 3, 1-6 - Hacer el bien
Mc 3, 1-6 - Hacer el bien
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HACER EL BIEN

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal?» (Mc, 3, 3)

Amigo mío: te hablaré de la ira de Dios.

Yo he venido a dar ejemplo de lo que es correcto, para que ustedes hagan lo mismo.

Yo he venido a mostrarles el camino de la santidad. A darles la oportunidad de llegar a ser perfectos, y participar de mi gloria en el cielo.

He venido a decirles y enseñarles a hacer el bien, y cómo hacerlo, cuándo y a quién. El bien debe hacerse siempre, sin mirar a quién.

Les advertí a ustedes, a los que yo llamé como siervos y elegí como amigos, que los perseguirían por mi causa. Y dijeron sí. Estuvieron de acuerdo. Eligieron renunciar al mundo para dar la vida por mí, como yo la di por ustedes, viviendo la vocación al amor que yo les di.

Y luego algunos han tenido miedo. Decidieron salvar su vida y alejarse de mí. Pero la perdieron. Yo soy la vida. No tiene vida el que no permanece junto a mí.

Se les ha dado el don del entendimiento, pero algunos, que no quieren entender, se rigen por las leyes del mundo, o por el rigor de lo que ellos creen que es la ley de Dios.

Y digo creen, porque pareciera que no saben que la ley de Dios es el amor. Ponen como prioridad las reglas y la eficacia de su cumplimiento, antes que la caridad. Eso es una incongruencia, porque nada tienen si no tienen caridad.

Ante la necesidad de tantos fieles de la Iglesia no tienen compasión, no se dan cuenta de que hay tantos caminando como ovejas sin pastor, perdidos, buscando a Dios sin encontrarlo, porque encuentran las puertas cerradas de las iglesias, y ven en los sacerdotes el mal ejemplo, el descuido de los rebaños, porque los pastores están escondidos, porque tienen miedo a dar la vida practicando sus ministerios, esperando tiempos mejores, que no vendrán, porque precisamente hacer el bien es trabajo de los pastores, y haciendo el bien es como se edifica y se construyen tiempos mejores.

Este tiempo de prueba es precisamente para demostrar que están hechos de buena madera. Configurados conmigo pueden superar cualquier prueba. Pero el que está configurado conmigo obra su fe, lleva a mi pueblo mi misericordia.

Hay muchos medios para hacerlo, sólo tienen que querer. Y el que quiere entender entiende, porque yo no le niego el don de la sabiduría y del entendimiento a quien lo pida, para servir a mi pueblo.

Tú sabes cómo contentarme, cómo alegrarme. Haz el bien siempre. Para hacer el bien no hace falta discernir. La oportunidad se presenta, y simplemente dices sí, y lo haces.

La prudencia siempre debe ir por delante, humillándote, reconociendo tu debilidad y tu pequeñez. Pero no es obstáculo, sino ayuda para un mayor bien.

Y para eso te he dado a mi Madre, para que te acompañe. Si estás con ella no puedes equivocarte. Nada malo va a pasarte. Ella te protege de todo mal.

 

«Ya has oído al que dice estas palabras: “Extiende tu mano”: esta medicina es común y general; y tú, que crees tener buena la mano, evita que se te seque por la avaricia o por el sacrilegio.

Extiéndela muchas veces, favoreciendo a tu prójimo, y dispensando tu protección a la viuda; defiende de cualquier injuria a quien veas sufrir bajo el peso de la calumnia; extiende también tu mano al pobre que te pide; extiéndela también al Señor, pidiéndole el perdón de tus pecados.

Así es como debe extenderse la mano, y así es como se cura»

(San Ambrosio, Catena Aurea).

¡Muéstrate Madre, María!

(Pastores, n. 53)