Mt 13, 24-30 - Proteger la siembra
Mt 13, 24-30 - Proteger la siembra
00:00
00:00

PROTEGER LA SIEMBRA

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

«El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó» (Mt 13, 24-25).

Amigo mío: yo te he llamado y te he elegido para que siembres conmigo, y construyas conmigo el Reino de los cielos en la tierra.

Te he dado buena semilla, y te aseguro, cosecharás fruto bueno y abundante. Pero sé precavido. Cuida tu tierra. Protege tu siembra, no sea que mis enemigos te tomen por sorpresa desprevenido, y siembren cizaña en medio del trigo.

Cuida tu corazón, amigo mío. No permitas que la cizaña de la duda te asalte. No te dejes engañar. Ten valor, no seas cobarde. No tengas miedo, contigo estoy. Yo siempre voy a ayudarte.

Cree en mí, yo soy el sembrador. Mis enemigos quieren asustarte, quieren robar tus tesoros, quieren hacerle sombra a las espigas que están dando buen fruto.

El mal existe, el diablo existe, y es astuto. Algunos de ustedes, mis amigos, mis sacerdotes, creen que son tan inteligentes como para descubrir una verdad diferente. Creen que el demonio es un invento, y aunque esté escrito mi testimonio sobre él, aun así, no creen.

Dicen que son maneras figuradas de explicar lo que sucede en la mente humana, nada más. Qué ingenuos son.

El demonio ronda, como león rugiente, buscando a quién devorar. Encuentra en los incrédulos presa fácil de atrapar.

Para luchar contra un enemigo y vencerlo es preciso que sepamos que existe, y conocerlo.

El enemigo es real y ha plantado mala semilla en medio de la cosecha de ustedes.

Crece la semilla buena y la semilla mala por igual.

A ustedes les toca discernir cuál es el bien y cuál es el mal.

No les pido que destruyan al enemigo, porque en el intento, en la batalla, podrían lastimar a los demás. Les pido que protejan lo que es mío. No permitan que les roben la vida los que viven para hacer el mal.

Yo soy la vida, y mis enemigos están bajo mis pies sometidos. Pero pueden engañar y sofocar a aquellos que han descuidado su vida espiritual, y someterlos bajo sus dominios demoniacos, para que sean como muertos en vida, dejen de luchar y ante ellos se rindan.

Al final serán arrancados junto con la cizaña, porque fruto no darán.

Cuida tu corazón. Acude con constancia a la oración.

Procura llevar una vida de gracia y de humildad, buscando constantemente tu conversión, y cumple con tu deber, cuidando y protegiendo tu siembra, para que, cuando llegue la hora, presentes ante el Señor, una fructuosa ofrenda.

Nadie puede servir a dos amos.

Tú eres mi siervo.

¡Yo soy tu amo y Señor!

«El método del diablo es el de mezclar siempre la verdad con el error, revestido éste con las apariencias y colores de la verdad, de manera que pueda seducir fácilmente a los que se dejan engañar. Por eso el Señor sólo habla de la cizaña porque esta planta se parece al trigo.

Seguidamente indica cómo lo hace para engañar: «mientras la gente dormía». Por ahí se ve el grave peligro que corren los jefes, sobre todo aquellos a quienes les ha sido confiada la guarda del campo; por otra parte, ese peligro no amenaza sólo a los jefes, sino también a los subordinados. Esto mismo nos enseña que el error viene después de la verdad…

Cristo nos dice todo esto para enseñarnos a no dormirnos…, de ahí la necesidad de la vigilancia de un guardia.

Y también nos dice: «El que persevere hasta el final, se salvará» (Mt 10,22).

Considera ahora el celo de los criados: quieren arrancar la cizaña inmediatamente; es cierto que, aunque les falte reflexión, dan pruebas de su solicitud por la simiente. Sólo buscan una cosa que no es vengarse del que ha sembrado la cizaña, sino de salvar la cosecha; por eso quieren echar totalmente el mal del campo…

¿Y qué responde el Maestro? Se lo priva por dos razones: la primera el temor de perjudicar el trigo; la segunda, la certeza de que un castigo inevitable se abatirá sobre los que están afectados de esa enfermedad mortal.

Si queremos que se les castigue sin que se perjudique la cosecha, debemos esperar el momento conveniente…

Por otra parte ¿es posible que una parte de esa cizaña se convierta en trigo? Si lo arrancáis ahora podéis perjudicar la próxima cosecha arrancando a los que podrían llegar a ser mejores».

(San Juan Crisóstomo, Homilías sobre san Mateo, n. 46).

¡Muéstrate Madre, María!

(Pastores, n. 180)