SER IGUAL QUE EL MAESTRO
Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús
P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís
«Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado» (Jn 13, 20).
Amigo mío: Yo no he venido por mi cuenta.
Yo no he venido al mundo para hacer mi voluntad, sino la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Es quien me ha enviado a dar mi vida, para que tú y todos los que, como tú, crean en mí, sean salvados.
No eres tú quien me ha elegido a mí. Soy yo quien te ha elegido a ti, y te he enviado para que el mundo me conozca, para que me reciban y reciban al que me ha enviado. Por tanto, el que te recibe a ti me recibe a mí y al que me ha enviado.
Entonces, amigo mío, tú debes esforzarte, empeñarte, poner todo lo que está de tu parte para ser bien recibido.
Pero, para recibirte, deben conocerte, tener confianza de que eres un enviado de Dios, un hombre de bien, que lleva la paz a cada casa y al lugar a donde va; que lleva como única pertenencia la Palabra de Dios y su poder, para hacer el bien.
Debes llevar en tu nombre mi nombre, con tu buen ejemplo, con tu virtud, con tu buena educación, con tu fe, con tu esperanza y tu caridad, porque, te aseguro, a mis ovejas no las vas a engañar. Ellas conocen mi voz, y saben que no es más el discípulo que su maestro. En todo he sido igual a ti, menos en el pecado, que tú constantemente cometes, y yo nunca cometí.
Pero te ha sido dada la gracia para ser en todo igual a mí. El discípulo puede llegar a ser como su maestro. Pero te debes esforzar para no ofenderme más, para mostrar al mundo el amor de tu corazón, configurado con aquel que te envió.
Tú, sacerdote mío, representas lo sagrado, y ellos deben ver que eres igual a mí, un loco enamorado de los hombres, por quienes tu maestro dio su vida, para salvarlos. Y ha resucitado y te ha enviado para conquistarlos, y llevarlos a mi Paraíso.
Si quieres saber si eres igual que yo, verdadero y eterno sacerdote, descubre si en tu corazón arden los mismos deseos de mi Corazón.
«En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado. Porque el que recibe al que envía Jesús, recibe al mismo Jesús, que existe en su enviado. Mas el que recibe a Jesús, recibe al Padre. Luego, el que recibe al que envía Jesús, recibe al Padre que envía.
También puede entenderse de este otro modo: El que recibe a quien yo enviare, se hace digno de recibirme a mí. Mas el que me recibe no por intermediación del apóstol que yo enviaré, sino que me recibe a mí cuando me dirijo a las almas, recibe también al Padre, de tal modo, que no solo yo moro en él, sino también el Padre»
(Orígenes, Sobre el Evangelio de San Juan, n. 32).
¡Muéstrate Madre, María!
(Pastores, n. 158)
