Mt 26, 14-25 - Deseos de Jesús
Mt 26, 14-25 - Deseos de Jesús
00:00
00:00

EXPERIENCIAS ESPIRITUALES EN TIEMPO DE CUARESMA

DESEOS DE JESÚS

Reflexión para sacerdotes desde el Corazón de Jesús

P. Gustavo Eugenio Elizondo Alanís

 

«Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme» (Mt 26, 21).

 

 

Amigo mío:

En este día santo medita bien estas palabras: “Ay de aquel por quien el Hijo de Dios va a ser entregado. Más le valdría no haber nacido”.

Son palabras referidas a un sacerdote, igual que tú.

Con las mismas debilidades, pero también con las mismas gracias que yo te di.

Qué difícil es comprender cómo un hombre cercano a mí, consagrado para mí desde antes de nacer, elegido y ungido por mis manos, configurado SACRAMENTALMENTE conmigo, puede traicionarme, cometiendo los más graves pecados…

Cómo puede despreciar su dignidad sacerdotal vendiendo a su Dios…

Cómo puede CRUCIFICARME, cometiendo pecados contra su propia carne…

Pero más incomprensible es que yo esté dispuesto a todo perdonarle.

Y aun así… no se humille ante mí, no pida perdón, no se avergüence de su comportamiento, y siga revistiéndose, portando con orgullo los ornamentos.

No los juzgues.

Reza por ellos.

Y considérate uno de ellos.

No codicies ser igual a Dios.

Eres tan solo un hombre, indigno y pecador.

Arrepiéntete de tus faltas, acudiendo al sacramento de la reconciliación.

Y si piensas que tus pecados son pocos, que no tienes pecado grave, recuerda que serás juzgado con rigor, porque tú sí sabes lo que haces, y sabes que no merezco ser ofendido por un amigo, NI SIQUIERA CON EL PENSAMIENTO.

Yo deseo darte la gracia que necesitas para que seas santo.

Yo deseo que no ofendas a mi Padre, sino que lo glorifiques.

Yo deseo darte la gracia para que nunca me traiciones.

Ojalá tú desees lo mismo que yo, y me pidas esas gracias con todo tu corazón.

Si tú lo quieres, yo lo quiero.

Yo te concedo lo mismo que yo deseo.

Yo deseo, en ti, glorificar a mi Padre que está en el cielo.

Que sea tu vida una ofrenda unida a mi cruz, para la conversión de los pecadores, de los que yo amé primero, y los llamé como mis servidores.

Pero no los llamé siervos, los llamé amigos.

Y los hice, para siempre, SACERDOTES.