Mc 6, 30-34 - Sábado IV del Tiempo Ordinario
Mc 6, 30-34 - Sábado IV del Tiempo Ordinario
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EVANGELIO

Andaban como ovejas sin pastor.

+ Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces él les dijo: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco”. Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer.

Jesús y sus apóstoles se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo. La gente los vio irse y los reconoció; entonces de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron.

Cuando Jesús desembarcó, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Marcos 6, 30-34) – (María Beatriz Arce de Blanco)

«El Señor es compasivo y misericordioso. Él se compadece de su pueblo, que está extenuado y desamparado, y camina como ovejas sin pastor. Él conoce a cada una de las ovejas de su rebaño, y la llama por su nombre. Y envía también en este tiempo apóstoles, que son sus sacerdotes, y les da el poder para perdonar, para sanar, para enseñar, para guiar, para expulsar demonios, para reunir a sus ovejas en un solo rebaño y con un solo Pastor.

Pero también envía apóstoles que son ovejas en medio de sus rebaños, para ayudarle a los pastores a conducir y mantener unido el rebaño, y a llevar el Evangelio también a otros rebaños que no son de su redil. El Señor nos hace una petición: ‘rueguen al dueño de la mies que envíe más obreros a sus campos’, y nos da la responsabilidad de atenderlos y cuidarlos, porque gratuitamente ejercen el poder que Él les da a través de sus ministerios, pero confía en la buena voluntad de su rebaño, para ser instrumentos de su misericordia, para que la Divina Providencia haga llegar a los pastores el sustento, y tengan lo necesario para vivir.

Compadécete tú de los pastores que reúnen al pueblo de Dios, y acompaña a María, Divina Pastora, que los protege y los guía. Ruega por ellos, ten caridad, muéstrales tu agradecimiento, porque su vida, unida a la cruz de Jesús, por ti ellos dan, para sanarte, para guiarte, para alimentarte, para enseñarte, para salvarte. Y practica con ellos las catorce obras de misericordia, para que tengan los medios necesarios para cumplir bien con sus ministerios.

Reconoce a Cristo en cada sacerdote. Lo que tú hagas con uno de ellos, lo haces con Cristo, porque está escrito: ‘el que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos, mis más pequeños, conmigo lo hace’».