Mc 7, 14-23 - Miércoles V del Tiempo Ordinario
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PREGONES  (Reflexión del Santo Evangelio según san Marcos 7, 14-23) – (María Beatriz Arce de Blanco)

«Jesús ha sido puesto como signo de contradicción para dejar al descubierto las intenciones de muchos corazones, para que el mundo pueda verlas y no se dejen engañar.

El Hijo de Dios ha sido enviado para purificar a la humanidad impura, y unirla a la pureza, que es Él mismo, para volverla a Dios. Nos ha lavado y purificado con su preciosa sangre.

Pero volvemos a pecar, volvemos a ensuciar nuestras almas con nuestras malas intenciones, y debemos volver a lavar y purificar nuestros corazones. No con otros sacrificios, sino con la sangre de Cristo derramada en la cruz -en la que Él se ofreció a sí mismo como sacrificio de una vez y para siempre-, y administrada a través del sacramento de la Confesión, en la que el sacerdote, en la misma persona de Cristo, descubre las intenciones del corazón del pecador, a fin de reconciliarlo y que rectifique el camino para volverlo a Dios. 

Examina tu conciencia para que descubras cuáles son las verdaderas intenciones de tu corazón, y puedas discernir, para rechazar las malas obras y hacer el bien.

No tengas prejuicios que condenan a aquellos que no cumplen las reglas. Antes que todo ten caridad, sé compasivo, y aprende a ver, con la mirada misericordiosa de Dios, las intenciones de los corazones, para que comprendas sus acciones.

Y si fuera malo lo que sale de dentro, entonces ayúdalo y corrígelo, porque ha quedado manchado, y lo impuro debe ser purificado. Pero antes de ver la paja en el ojo ajeno, mira la viga en tu propio ojo, mira tu mancha, y confiesa tus pecados».