Lc 1, 26-38 - La Anunciación del Señor
Lc 1, 26-38 - La Anunciación del Señor
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Concebirás y darás a luz un hijo

«No hay nada imposible para Dios. Esas son palabras sabias y verdaderas de la boca del ángel del Señor, anunciando el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, que fue engendrado por obra del Espíritu Santo en el vientre virgen de la mujer que, para ser madre de Él, Dios había creado.

Ella dijo “sí”, y la Palabra del Señor se hizo en ella. El Señor ha obrado en ella maravillas. Es obra del Señor. Pero Él, aun siendo todopoderoso, cumpliendo su promesa de respetar la libertad que Él mismo les dio a los hombres para decidir por su propia voluntad, se dignó enviar a su ángel como mensajero, para preguntar a su humilde esclava si aceptaba su divina voluntad. Y dijo “sí, hágase en mí según tu palabra”.

Y desde ese momento, todas sus palabras, obras, oraciones, súplicas, acciones de gracias, y su vida entera, fueron, para el cielo y la tierra, dichos y hechos en la persona de la Madre de Dios.

Ese es el poder que, a cambio de su “sí”, Él le dio. Y por ese Niño, fruto bendito de su vientre, les dio el poder a los hombres de ser y obrar, pedir, suplicar y orar como verdaderos hijos de Dios.

Ese es un misterio, en el que cada hombre bautizado debe meditar, y como hijos la voluntad de Dios aceptar, para que se haga en cada uno según su palabra, y tengan la disposición de recibir a Jesús como lo recibió ella: primero en su corazón.

Recíbelo tú, escuchando, no de boca del ángel del Señor, sino con palabras del mismo Cristo, de boca de sus sacerdotes, -quienes han dicho “sí” al ser ordenados, y desde entonces hablan, obran, actúan en su persona, en la persona de Cristo-, “este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, y dile “sí, ven Señor a mí, y hágase en mí según tu palabra”.

Ese es el fiat de los hombres cuando viven como dignos hijos de Dios, y conservan el corazón bien dispuesto para recibirlo.

Esa es la fe que en ti, el Señor y sus ángeles quieren ver”.