PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Lo reconocieron al partir el pan.
«El Señor le ha dado a los hombres un corazón de carne, un corazón suave, para que sientan y tengan los mismos sentimientos que Cristo.
Pero el pecado, las malas experiencias, su mal comportamiento, las dificultades y circunstancias adversas, han endurecido su corazón. Se les han cerrado los ojos y los oídos por el miedo y la tristeza, y viendo no ven y oyendo no oyen.
En medio de su desesperanza han perdido la fe, se han olvidado de creer, se han olvidado de amar, reprimen sus sentimientos y se resisten a sentir para no sufrir, pero también a ser amados. Han perdido la ilusión y la inocencia, han dejado de creer. Porque no han puesto su esperanza en Dios sino en el hombre.
Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino al mundo para morir por los hombres para salvarlos, ha resucitado. Él es verdadero hombre y verdadero Dios. No se puede separar. Él y el Padre son uno. En Él está puesta nuestra esperanza.
Pide a tu Padre Dios que te conceda un corazón nuevo, un corazón suave, de carne, semejante al corazón de Cristo, para que tengas sus mismos sentimientos, y abras tus ojos y veas, y abras tus oídos y escuches. Deja que arda de amor tu corazón. Entonces se disipará toda tristeza y reconocerás a tu Señor, que ha resucitado y vive en ti y en tus hermanos.
Reconócelo en la persona del sacerdote al partir el pan bajado del cielo. Son uno. Recibe de las manos del mismo Cristo el alimento que te da vida eterna, que es su cuerpo y su sangre, que es Eucaristía, y siente en tu corazón la alegría de participar en la vida de su resurrección.
¡Aleluya! ¡El Señor ha venido a visitarnos! ¡Cristo vive en medio de nosotros!».
