Lc 11, 29-32 - Miercoles I Cuaresma
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 PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32) - (María Beatriz Arce de Blanco)

A la gente de este tiempo no se le dará otra señal que la del profeta Jonás.

«La cruz es señal del amor misericordioso de Dios y la manifestación más grande de ese amor por la humanidad. Es instrumento para atraer a todos los hombres a Él a través de su Hijo Jesucristo, que Él mismo envió al mundo para que todo el que crea en Él se convierta y se salve.

Por tanto, el signo de la cruz es un llamado a la conversión, y es el único camino para llegar al cielo. A través de la cruz los hombres son lavados, despojados de toda suciedad y pecado, y purificados, para ser dignos de presentarse ante la Divinidad, y unirse con los santos del cielo, para ser coronados de la gloria celestial.

Pero el camino de la cruz requiere primero de un bautismo de agua y fuego, para que sus nombres queden escritos en el cielo, y luego acudir con el corazón contrito y humillado, doliéndose verdaderamente por sus pecados a los pies del Crucificado, y confesarlos, para que Él los reciba en su cuerpo, como golpes, flagelos y heridas, y haciéndolos suyos en la cruz los destruya liberándolos de sus culpas a través del sacrificio que Él hizo por todos los hombres de una vez y para siempre.

Y para eso deben acudir ante la presencia de un sacerdote, que es más que un profeta, más que Jonás. Es el mismo Cristo.

Persígnate tú con el signo de la cruz, para que seas bendecido en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y no esperes más señales.

Conviértete, cree en el Evangelio porque es Palabra de Dios.

Confiesa tus pecados con verdadero arrepentimiento, agradeciendo al Hijo de Dios que, por su cruz, has sido justificado, para poder entrar al Paraíso.

Pero debes saber que antes de la puerta hay un juicio, y serás juzgado por todo lo que no se te haya en vida perdonado, porque no quisiste aprovechar la oportunidad que Dios te había dado de limpiar tu alma, entregando tus pecados en la cruz».