Lc 17, 7-10 - Martes XXXII del Tiempo Ordinario
Lc 17, 7-10 - Martes XXXII del Tiempo Ordinario
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EVANGELIO

No somos más que siervos: sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer

+ Del santo Evangelio según san Lucas: 17, 7-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú?. ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”

PREGONES (Reflexión del santo Evangelio según san Lucas 17, 7-10)

«La Iglesia es la gran familia de Dios, el cuerpo resucitado del Hijo de Dios, que ha sido inmolado en la Cruz para ser renovado; que ha sido manchado por el pecado, y limpiado y purificado con su sangre; y el mal no prevalecerá sobre ella. Pero todos los miembros de un cuerpo se ayudan y se afectan. Por tanto, el que es inteligente sabe servir, sabe dar; pero también sabe recibir. 

El que sirve a la Iglesia, sirve a Cristo, porque en sus siervos Él se glorifica. Hay muchas maneras de servir a la Iglesia, pero el servicio debe de ser siempre presto, gratuito, humilde, generoso, eficaz, cimentado en la caridad. 

El que sirve a la Iglesia cumple el mandamiento del amor, porque sirve a Dios y sirve a sus hermanos, no como un trabajo merecedor de un salario, no como un favor que espere agradecimiento, no como una obligación que implique sufrimiento, sino como un deber como hijo de familia, como miembro de un mismo cuerpo, que recibe el beneficio por sí mismo al contribuir con su servicio, y que no espera, no merece y no necesita reconocimiento. 

Procura tener y alimentar el deseo ferviente en tu corazón de servir al más necesitado, considerándolo superior a ti mismo; y vive en la alegría de haber cumplido con tu deber, no esperando recompensa, sino agradecido por haber recibido el don del espíritu de servicio, el espíritu de Cristo, y participar así del gozo del crucificado que, dando la vida por los demás, glorifica a Dios Padre, porque el Padre se glorifica a sí mismo en el Hijo, que no espera recompensa, porque Él es la recompensa misma. 

Él es el primero y el último, el alfa y la omega, el principio y el fin, a Él todo el honor y la gloria».