PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Lucas 22, 14-20) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Hagan esto en memoria mía.
«Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote ha elegido de entre el mundo a algunos hombres para que sean sus más cercanos servidores, y los ha consagrado a su servicio para continuar en el mundo su ministerio.
Pero Él no los llama siervos, sino amigos, porque todo lo que el Padre le ha dicho se los ha dado a conocer, y les ha dado el poder para que actúen en su persona, configurándolos con Él, para que lleven la caridad de Dios al mundo a través de su palabra y de los sacramentos, y para que, consagrando el pan y el vino, se transformen en su cuerpo y en su sangre, en memorial de su sacrificio redentor en la cruz, que se renueva en cada misa y que nos une a todos en la Sagrada Eucaristía.
Hay un mismo Espíritu para todos y nos une en el sacerdocio real de Cristo, que adquirimos con el bautismo. Pero no todos podemos aspirar al don del sacerdocio ministerial, sino tan sólo aquellos que son elegidos, y les es infundido un corazón sacerdotal, para que, con la vocación de Cristo, nos conduzcan a la salvación a través del misterio de la redención, y todos seamos uno con Él.
Ora tú por todos los sacerdotes, y vive la caridad con ellos, practicando las obras de misericordia, y acompañando a María, la Madre de Dios, a velar por ellos, a cuidarlos y a acompañarlos, para que ejerzan con amor y eficacia sus ministerios, amando el sacerdocio de Cristo en cada uno de ellos.
Participa con ellos en la acción de gracias que es la Santa Misa, consagrando tu vida por ellos, para hacerte ofrenda de sus manos, y ser transformado con el vino y con el pan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, una sola ofrenda, un solo sacrificio, un solo corazón.
Pídele a la Virgen María que te ayude a recibir a Jesús en cada Comunión con el mismo amor con el que Ella lo recibió».
