Lc 24, 35-48 - Jueves de la Octava de Pascua
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Lucas 24, 35-48) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Está escrito que Cristo tenía que padecer y tenía que resucitar de entre los muertos al tercer día.

«La paz es el dulce fruto que Cristo resucitado nos vino a traer.

Paz de espíritu, para los condenados que Él, con su muerte en la Cruz, ha salvado. 

Paz interior, que da la seguridad de saberse hijos de Dios, que tanto nos ha amado que ha enviado a su único Hijo para salvarnos.

Paz del alma, que reconforta, renueva, disipa toda tristeza, infunde alegría, quita todo miedo y temor, aumenta la confianza, rechaza toda duda, y siembra esperan-za.

Paz que puede alcanzar todo aquel que se vuelva a Dios para el perdón de sus pecados.

Pero para tener paz, los hombres deben primero creer en Jesucristo, el Hijo de Dios, en las Escrituras, y en que en Él se cumple toda profecía. Él es el mismo ayer, hoy y siempre.

Se ha cumplido lo que de Él estaba escrito, y se cumplirá hasta la última letra, cuando vuelva con todos su poder y su gloria, para juzgar a vivos y a muertos. 

Quien cumple sus mandamientos goza de la paz de su conciencia y espera con ilusión a que el Resucitado vuelva para llevarlo con Él a vivir en su paraíso. 

Recibe la paz de Cristo, a través del sacramento de la Reconciliación. Deja que convierta tu corazón, para que arda de amor y de celo apostólico.

Reconócelo en la Eucaristía, siéntate en su mesa y come con Él. Aliméntate de Él, y pídele que te abra el entendimiento para que comprendas su palabra, y puedas transmitirla a los demás, dando testimonio de su amor, llevando su paz, para que lo conozcan, para que crean en Él y sean partícipes de la vida de su resurrección».