Lc 9, 46-50 - Lunes XXVI del Tiempo Ordinario
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 PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Lucas 9, 46-50) - (María Beatriz Arce de Blanco) 

El más pequeño entre todos ustedes, ese es el más grande.

«Jesús ama tanto a los niños, que Él mismo quiso hacerse niño.

Dios Padre en ese niño vio la plenitud realizada de su propia creación.

Se glorificó a sí mismo en ese niño que, desde antes de nacer, ya glorificaba al Padre.

Jesús fue un niño normal, que fue creciendo, pero que conservó hasta su muerte su alma de niño.

Vino a enseñarnos a amarnos los unos a los otros, a obrar con humildad, y a hacernos el último, el servidor de todos.

El que recibe y acoge con hospitalidad al prójimo, al más necesitado, como a un niño, es a Cristo a quien recibe.

Si pierdes el alma de niño, debes recuperarla. A eso se le llama conversión.

Conviértete para volver a eso que eras, a ese corazón, a esas intenciones, a esa inocencia y pureza del alma, a ese querer ser como Dios.

Conviértete y conserva un alma pura y limpia, un alma bien dispuesta para recibir a Jesús, para ser uno con Él, que vino a rescatarte y salvarte, a convertirte a ti en esa belleza del niño que Dios Padre creó para Él.

Sigue el ejemplo de los más pequeños, los santos, que, por humillarse, han sido exaltados; por hacerse pequeños, han sido grandes; y, por hacerse últimos, han sido primeros».