PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 21, 1-14) - (María Beatriz Arce de Blanco)
Se acercó Jesús, tomó el pan y se lo dio a sus discípulos y también el pescado.
«Quien pretende obtener fruto bueno y abundante de su trabajo con sus propias fuerzas, con su inteligencia, su astucia y su poder, está destinado al fracaso.
El hombre necesita de la gracia de Dios. De Él proviene todo bien. Jesucristo, que ha muerto en la cruz para salvarnos, ha resucitado, y viene a nosotros para decirnos: “yo te ayudo”. Sabe lo que necesitamos desde antes de que se lo pidamos, se presenta de manera inesperada y se queda en medio de nosotros.
Pero Él ha querido involucrarse intrínsecamente con la humanidad, y depender del fruto del trabajo de los hombres para hacerse presente en medio del mundo en el vino y en el pan, ofrendas que son transubstanciadas en las manos del sacerdote, pero por el poder del mismo Cristo, que al que lo escucha y lo recibe le da su gracia para que lo reconozca. El Señor bendice el trabajo de los hombres, para que a través de él se santifiquen.
No desesperes si has echado las redes y no has pescado nada, o si tu trabajo no ha sido próspero. Reza, escucha a tu Señor en tu corazón, y haz lo que Él te diga. Pídele que te dé redes fuertes de fe, esperanza y amor, y echa las redes al mar, para que le lleves, como ofrenda, una pesca abundante, y te sientes a su mesa y cenes con Él y Él contigo.
Ora y trabaja, y no te preocupes, porque quien tiene a Dios nada le falta».
