PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 21, 20-25) - (María Beatriz Arce de Blanco)
Este es el discípulo que ha escrito estas cosas, y su testimonio es verdadero.
«Jesús fue enviado por su Padre para morir por la salvación de todos los hombres. Pero cada uno debe aceptar y recibir los medios que Dios le da para hacer efectiva esa salvación de manera personal, en libertad, por propia voluntad.
El Señor llama a cada uno por su nombre, y su relación es con cada uno de manera individual, y le da a cada uno lo que conviene, de acuerdo a su condición particular, para que lo siga y alcance la santidad, porque a la hora de la muerte el juicio es particular.
Cada quien debería de ver hacia sí mismo, procurando su propio crecimiento en estatura, en sabiduría y en gracia ante Dios y ante los hombres.
Pero la tentación del egoísmo, la envidia, y la curiosidad malsana está presente todo el tiempo, acechando como un irresistible picor, que se satisface viendo la paja en el ojo ajeno en lugar de la viga en el propio.
Jesús nos enseña a amar a Dios y al prójimo, y amar implica aceptar y respetar al otro.
Procura tú mantener una relación íntima con Cristo, haciendo lo que Él te pide, ayudado de la gracia del Espíritu Santo.
Acudiendo a los sacramentos y, con la asistencia de tu director espiritual, conserva tu conciencia tranquila al seguir el camino correcto hacia la santidad.
No te preocupes por lo que hace el Señor con los demás. Ocúpate de cumplir tú con tus deberes, haciendo todo por amor de Dios, dando buen ejemplo para que otros hagan lo mismo.
No juzgues y no serás juzgado. Reza por los demás y confía en que Jesús es el Hijo de Dios, y es todopoderoso, omnisciente y omnipresente. Todo lo ve, todo lo sabe, todo lo conoce, nada se sale de sus manos. Y de ellos, antes de que tú te preocupes, Él ya se ha encargado. Agradece y atesora lo que a ti te ha dado y síguelo».
