PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 8, 1-11) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.
«Jesucristo, el Hijo de Dios, vino al mundo para morir por los pecadores. No para condenarlos, sino para perdonarlos, para redimirlos, para salvarlos.
El hombre que condena a otro se condena a sí mismo, porque el que juzga será juzgado, y con la misma medida que mida será medido.
Todos los hombres son pecadores. Pecadores los concibió su madre.
El único juez es Cristo, y por Él hemos sido todos redimidos a través de su único y eterno sacrificio. Él conoce los corazones y sus intenciones, no hay nada oculto a sus ojos.
Él ha venido a enseñarnos la ley del amor, a amar a Dios por sobre todas las cosas y a amarnos los unos a los otros como Él nos amó. Y si Él, que es el ofendido por los pecados cometidos, perdona, también nosotros debemos perdonarnos los unos a los otros para recibir su perdón.
Reconócete pecador, arrepiéntete, cree en el Evangelio y pide perdón confesando tus pecados, acudiendo al sacramento de la reconciliación.
Duélete verdaderamente por tus pecados y recibe el perdón de Dios.
Haz un propósito de enmienda, vete en paz y pide la gracia de no volver a pecar.
Examina cada día tu conciencia, y date cuenta de la debilidad de tu humanidad, capaz de cometer los más graves pecados.
Y no juzgues a los demás. Ten compasión y caridad, perdónalos y ayúdalos a corregirse, y pide la gracia para ellos, para que no pequen más.
Agradece la misericordia que el Señor ha tenido contigo, y corresponde promoviendo la concordia y la paz, practicando la caridad y la misericordia con los demás, dándoles una nueva oportunidad, como a ti Dios te la da.
Recuerda que sólo los justos verán a Dios, y no es justo el que juzga, sino el que se santifica a través del servicio a Cristo, por quien ha sido justificado».
