Jn 10, 31-42 - Viernes V de Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 10, 31-42) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Intentaron apoderarse de él, pero se les escapó de las manos.

Jesucristo es totalmente hombre y totalmente Dios, dos naturalezas en una misma persona.

Él gozaba de la gloria de su Padre antes de que el mundo existiera, pero fue enviado al mundo como Cordero en sacrificio para el perdón de los pecados de los hombres, porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su único Hijo para que todo el que crea en Él se salve. 

El Hijo, siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo para ser en todo igual que los hombres, menos en el pecado, y los que no lo conocieron lo despreciaron, lo juzgaron y lo condenaron a muerte, acusándolo de blasfemo, porque no creyeron que Él es el Hijo de Dios, aunque lo vieron hacer las obras de Dios. 

Aquellos que deseaban apedrearlo se confabularon para crucificarlo.

Acompaña a María, la Madre de Dios, al pie de la Cruz, compadeciendo su sufrimiento por la espada de dolor que le atraviesa el alma, compartiendo los mismos sentimientos de su doloroso corazón, y mientras ella sostiene a su Hijo crucificado, recibe tú los beneficios de la misericordia derramada de la Cruz, por la que puedes llamarte hijo de Dios y lo eres, no porque seas digno, sino porque Él te lo ha merecido, abriendo con su muerte y su resurrección la posibilidad de que alcances la vida eterna en el paraíso.

Agradece cumpliendo su voluntad, manifestada a Juan, el discípulo amado, y lleva a vivir a su Madre contigo a tu casa.

El regalo más grande que puedes darle al Señor es tu corazón entregado en las manos de su Madre, consagrándote a su Inmaculado Corazón, para que ella reine en ti y en tu casa. 

Alivia el dolor de su corazón uniéndote a su oración de intercesión, rogando a Dios por los pecadores, para que no sean arrojados al tormento eterno del infierno, sino que se conviertan y se salven, cuando crean y con su lengua confiesen: Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre».