PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Uno de ustedes me entregará. No cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces.
«En la cruz, Dios Padre glorifica al Hijo, y Dios se glorifica a sí mismo en el cumplimiento de su voluntad: Dios hecho ofrenda, para ser ofrecido por sí mismo de manos de los hombres, para salvar a toda la humanidad por Él creada, y por el pecado de los hombres condenada a su propia destrucción y a la muerte.
Todo aquel que vive para sí mismo, no vive para Dios y, aunque ya ha sido liberado por el sacrificio de Jesús en la cruz, vive engañado, encadenado por el pecado a un mundo de mentiras y de traición, que lo lleva a la muerte.
El hombre que tiene malas intenciones en su corazón abre la puerta y entra satanás, porque no necesita invitación, no respeta la libertad, se impone y domina la voluntad de los hombres, haciéndoles cometer los más horrorosos pecados, porque el que tiene malas intenciones ya ha pecado en su corazón contra el Padre, contra el Hijo y contra el Espíritu Santo que mora en Él.
Ten la humildad de reconocerte frágil y pecador, capaz de negar a tu Señor y de cometer los más grandes pecados. Humíllate ante tu Creador y, arrepentido, pide perdón, acércate a los sacramentos, pide la gracia del Espíritu Santo de la fortaleza, la sabiduría, el entendimiento, el consejo, la piedad, la ciencia, el santo temor de Dios, para que puedas resistir ante la tentación, y no ofendas más a Dios, ni con el pensamiento, ni con la intención de tu corazón, ni de palabra, ni de obra, ni de omisión.
No traiciones a tu Señor, haz oración, y conservarás la paz en tu corazón.
¡Abre las puertas a Cristo!».
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