PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 2, 13-22)
La Compañía de María, Madre de los Sacerdotes
«El cuerpo de Cristo crucificado es el Templo de Dios, que ha sido por los hombres profanado, pero que ha sido reconstruído por el mismo Dios resucitado, Hombre y Dios vivo, para dar nueva vida a los hombres, transformándolos en templos vivos de Dios, en donde habita el Espíritu Santo; y en piedras vivas de un solo Templo Santo: la Santa Iglesia, institución divina fundada por Cristo para ser su cuerpo místico, destruído por el pecado de los hombres y reconstruído por el mismo Cristo, para dar vida a los hombres y encenderlos de celo divino, con la llama del fuego del amor del Sagrado Corazón de Jesús, abierto y expuesto en la cruz, porque amó tanto a su Iglesia, que dio la vida por ella.
Enciende tu corazón en el fuego del amor de Cristo, y deja que el celo por la casa de su Padre te devore, para que cuides y protejas el templo, que es tu propio cuerpo, de las tentaciones y las concupiscencias de la carne; y, viviendo en el amor puro y perfecto de Dios, defiendas lo que es suyo, porque todo lo de Dios es tuyo, y lo tuyo es de Dios.
Y con ese celo y con ese amor, defiende a la Santa Iglesia, amándola y respetándola por los que no la aman y no la respetan, adorando el corazón de la Iglesia, que es la sagrada Eucaristía, por los que no la adoran; pidiendo perdón por los que la profanan, encendiendo con la luz de tu fe a las piedras vivas que forman parte del Templo Santo de Dios, que es la Iglesia.
Ten paciencia de los errores de los demás, pero, con la ira santa de Cristo, corrige a los que se equivocan queriendo convertir en un mercado la casa de Dios».
