Jn 5, 1-3. 5-16 - Martes IV de Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 5, 1-3. 5-16) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Al momento el hombre quedó curado.

«La misericordia de Dios ha sido derramada a todos los hombres a través de la cruz, de la cual brota la vida como agua de manantial, que vivifica, purifica, santifica, redime, salva.

Cuando Jesús nos dice “levántate, toma tu camilla y anda”, quiere decir “levántate, toma tu cruz y sígueme”.

Todo hombre que haya experimentado la misericordia de Dios, debe renunciar a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo. Y agradecer, porque Él se ha compadecido de los hombres; ha visto su enfermedad, su debilidad a causa del pecado, que les impide volver a Él por sí mismos, y se enternece hasta las entrañas, porque tanto amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo para salvarlo.

Él mismo envía al ángel que anuncia su venida y, agitando las aguas del vientre puro y virginal de María, fue engendrado el Hijo de Dios por el Espíritu Santo, para traer el remedio, la salud y la salvación a toda la humanidad. Él es el agua viva, la fuente de la que brota el manantial del agua de la salud que da la vida eterna.

Recibe tú al Señor tu Dios, que cada día viene a ti cuando el pan vivo es bajado del cielo en las manos de los sacerdotes, y se entrega a ti en la Eucaristía, para alimentarte, para sanarte, para perdonarte, para salvarte, para renovarte, para darte vida.

Levántate, toma tu cruz -que son tus trabajos, tus responsabilidades, tus deberes de cada día-, síguelo y sírvelo, reconociendo su rostro en el prójimo, y tiéndele la mano agradeciendo su favor, haciendo obras de misericordia con tus hermanos más necesitados, para que, a través de ti, como fiel instrumento, llegue a ellos la ayuda de Dios».