Jn 6, 22-29 - Lunes III de Pascua
Jn 6, 22-29 - Lunes III de Pascua
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 6, 22-29) – (María Beatriz Arce de Blanco)

No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el que dura para la vida eterna

«La ofrenda que presenta el sacerdote a Dios en la Santa Misa, para ser transformada, por transubstanciación, en el cuerpo y la sangre de Cristo, es fruto de la tierra y del trabajo de los hombres. Y es signo de que Dios todopoderoso es incluyente y ha hecho al hombre partícipe de la dinámica de su amor en su plan divino. 

Pero el hombre se ha excluido por propia voluntad a través del pecado. Cristo, único mediador entre Dios y el hombre, a través de su sacrificio ha redimido al hombre y lo ha renovado, para incluirlo de una vez y para siempre, haciéndolo partícipe de su cruz y de su gloria. El cansancio que implica el trabajo, que era castigo por el pecado de Adán, Cristo lo bendice y lo transforma en un medio de santificación, cuando se hace todo por amor de Dios. 

Santifica tú tu trabajo, poniendo a Cristo al centro de todas tus actividades, trabajando no por el alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna, que quiere decir: pon todo tu corazón y tu esfuerzo en lo que haces, busca a Cristo en medio de los deberes de tu vida ordinaria, para que, encontrándolo, te santifiques, y con tu trabajo haz el bien y da buen ejemplo, para que otros te sigan, crean y se santifiquen también. 

Participa del sacrificio único y eterno de Cristo, llevando tu cruz de cada día con alegría, uniendo tus ofrendas a su cruz en el altar, para que, con el vino y con el pan, se conviertan en ofrenda eucarística, el único sacrificio agradable al Padre.

Cree en la presencia real y substancial de Cristo en la Eucaristía, y aliméntate de Él, para que tengas vida eterna. 

Pero no basta que santifiques tu trabajo, es necesario que quieras ser santo, y practiques las virtudes, para que de tu propia santidad se derramen abundantes gracias del cielo, para que otros crean y participen activamente en el plan de Dios, inmersos en la maravillosa dinámica de su eterno amor».