PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 6, 44-51) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.
«Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Él, que, siendo Dios, ha bajado del cielo para hacerse hombre, para ofrecerse a sí mismo como ofrenda a Dios, y morir en la cruz por el perdón de los pecados de los hombres, ha vencido a la muerte, ha resucitado con su cuerpo glorioso y ha subido al cielo.
El mismo que murió, que resucitó y que subió al cielo, es el mismo que está presente en medio de nosotros en la Eucaristía.
Es el pan de la vida, que baja del cielo, para que quien lo coma no muera, sino que viva para siempre.
Él es el mismo ayer, hoy y siempre.
Nadie conoce al Padre sino el Hijo. Pero quien conoce al Hijo conoce al Padre.
El Padre y el Hijo son uno. Por tanto, el que recibe al Hijo recibe al Padre, pero el que rechaza al Hijo rechaza al Padre.
Cree tú en la Eucaristía.
Cree que cuando comulgas comes el verdadero cuerpo resucitado del Hijo de Dios, que es pan del Cielo, verdadero alimento que te une y te transforma en Él, te diviniza para ser uno con Él. Y te da vida porque Él es la vida.
Reconócete tan sólo un ser vulnerable, miserable, débil, mortal, necesitado de Dios y de su misericordia, para ser alimentado, fortalecido, protegido, para que vivas en medio del mundo, de tal manera, que a la hora de tu muerte seas unido a la cruz de Cristo para morir en Él y ser resucitado por Él, con Él y en Él.
Agradece el alimento que te da vida, que fortalece tu cuerpo y tu espíritu, por el que Cristo vive en ti y tú en Él».
