Jn 11, 45-56 - Sábado V de Cuaresma
Jn 11, 45-56 - Sábado V de Cuaresma
00:00
00:00

PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 11, 45-56) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Jesús debía morir para congregar a los hijos de Dios, que estaban dispersos.

«En la cruz están expuestos todos los pecados de los hombres, en las múltiples heridas del cuerpo de Jesús. El egoísmo, la envidia, la soberbia son las heridas más grandes, porque son pecados que provienen del corazón de los hombres, y los llevan a cometer las acciones más terribles y atroces, provocados por el miedo de ser despojados de sus tronos y de su poder.

La ambición les carcome el alma, desprecian los valores y las virtudes, y faltan al respeto y a los derechos de los demás, con tal de garantizar su posición privilegiada en el mundo, sin importarles que los lleve a su propia muerte.

Un padre sabe lo que le conviene a sus hijos. Dios Padre, en su infinita sabiduría, envió a su único Hijo al mundo, como cordero en sacrificio, para que muriera en la cruz por los pecados de los hombres, porque sabía que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo, y no que todos perecieran, porque ya estaban condenados por sus pecados y era imposible salvarse por sí mismos. Pero no hay nada imposible para Dios. 

Cree en Jesús y en sus prodigios. Participa en su sacrificio único y eterno, uniendo tu cruz de cada día a la suya, pidiendo perdón por tus pecados, escuchando su palabra, alimentándote de su cuerpo y de su sangre en la Eucaristía, fomentando la unidad de la Iglesia, en la que Dios congregó a sus hijos que estaban dispersos, a través del sacrificio de su único hijo en la cruz. Y agradece que te ha limpiado de tus pecados, para que puedas alcanzar en Él la vida eterna».