PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 17, 1-11) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Padre, glorifica a tu Hijo.
«Qué grande es el amor de Jesús por los hombres, que entregó su vida para salvarlos y, antes de morir, rogó al Padre por ellos, para protegerlos.
Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, oró al Padre por sus discípulos, sus sacerdotes y, a través de su oración sacerdotal, los enseñó a orar por su pueblo, y les dio ejemplo de que Él no los dejaría solos, sino que se quedaría a través de ellos para asegurarse de que no se pierda ninguno de los que su Padre le ha dado.
Qué grande es la misericordia del Hijo de Dios, que caminó en el mundo, vivió en medio del mundo, conoció los peligros del mundo, las tentaciones y la debilidad de la carne, y envió al Espíritu Santo para fortalecer a los hombres con su gracia, para que pudieran resistir y sobreponerse a las asechanzas del enemigo, en medio de la tribulación y de las pruebas.
Qué gran humildad mostró el Hijo al orar al Padre, reconociendo la fragilidad de la humanidad que Él mismo, por obediencia, adquirió, para glorificar al Padre, dándose a conocer para revelar al Padre y creyeran en Él.
Ruega tú al Padre como Jesús te enseñó, pidiendo en su nombre, por los méritos de su pasión y muerte, que envíe al Espíritu Santo sobre ti y sobre su pueblo, especialmente sobre sus sacerdotes, para que sean fortalecidos en el amor, y tengan el valor de dar la vida por Cristo.
Reconoce que Jesús salió del Padre y cree que Él lo ha enviado, y que estará contigo todos los días de tu vida, porque te conoce y conoce los peligros del mundo, y no te dejará caer, sino que te acompañará y te sostendrá, porque te ama y desea glorificar al Padre en ti.
Acepta su ayuda, que se manifiesta a través de la misericordia de los sacerdotes, porque todo auxilio viene de Dios».
