PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan 13, 16-20) - (María Beatriz Arce de Blanco)
El que recibe al que yo envío, me recibe a mí.
«Dios Padre Todopoderoso, por su gran amor, envió a su Hijo Jesucristo al mundo para salvar a la humanidad, que ya había sido condenada por el pecado original.
Y Él elige a algunos hombres para hacerlos sus discípulos y, configurándolos con Él, los ordena sacerdotes, para que hablen y obren en su nombre; y los envía a predicar el evangelio a todos los pueblos, para que lo conozcan y crean en Él, y reciban los sacramentos, fruto de su sacrificio redentor en la cruz, como medio de santificación para unirlos a Él, y por Él al Padre.
Por eso, el que recibe a un sacerdote recibe a Cristo y al Padre que lo ha enviado.
Pero los sacerdotes llevan ese tesoro en vasija de barro. Conservan su libertad, su voluntad y su debilidad, por lo que pueden pecar y traicionar a aquel que los envió.
Los sacerdotes son el instrumento de Dios para unir a los hombres a Cristo y, a través de Él, al Padre. Por tanto, conviene orar por ellos, y hacer las catorce obras de misericordia para ellos, acompañándolos en su propio camino de conversión y santificación, para que puedan llevar muchas almas al cielo.
Ora por los sacerdotes, ayúdalos, acompáñalos y recíbelos en tu casa, porque está escrito que Jesús dijo que quien dé de beber tan sólo un vaso de agua a uno de ellos, por ser su discípulo, no quedará sin recompensa.
Honra a tu Madre del Cielo recibiendo a Cristo y al que lo ha enviado, en cada sacerdote, porque son sus hijos predilectos, no porque ellos hayan elegido su vocación, sino porque el Señor los eligió a ellos. Ora por el Papa, que es el Dulce Cristo en la tierra, para que reciba los dones y gracias que necesita para reunir en una, santa, católica y apostólica Iglesia, a todo el pueblo santo de Dios».
