PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Juan: 6, 51-58) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida
«Quien adora la Sagrada Eucaristía adora a Cristo vivo y presente verdaderamente en Cuerpo, en Sangre, en Alma, en Divinidad, y se une con Él en acción de gracias al Padre, por impulso del Espíritu Santo, permaneciendo al pie de la cruz con la Virgen María, la Madre de Dios, reparando el Sagrado Corazón de Jesús, participando del misterio de la redención.
Quien además come la Eucaristía, se alimenta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que es verdadera comida y verdadera bebida de salvación, y que da vida eterna.
Adora tú el Cuerpo y la Sangre del Cordero de Dios inmolado en la Cruz, resucitado y vivo, que es pan vivo bajado del Cielo.
Valora el don del sacerdocio que se le ha dado a unos pocos elegidos desde antes de nacer, para que, configurados con Cristo y con su poder, consagren el pan y el vino, fruto del trabajo de los hombres, y sea transubstanciado en su Cuerpo y en su Sangre, para alimentarte y permanezcas en Él y Él en ti, celebrando la Pascua eterna de la nueva alianza.
Repara el Sagrado Corazón de Jesús, convirtiéndote en alma adoradora en medio del mundo, ofreciendo las labores de tu vida ordinaria, transformando todo en oración, poniendo en el centro de todas estas actividades a Cristo, uniendo tu propia cruz a su único y eterno sacrificio, y acudiendo con regularidad al Sagrario, para arrodillarte y entregarle tu vida, adorando con todo tu corazón la Sagrada Eucaristía, y recibiéndolo en la Comunión, para que tengas vida».