Mt 4, 1-11 - Domingo I de Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo: 4, 1-11) – (María Beatriz Arce de Blanco)

El ayuno y las tentaciones de Jesús.

«Los hombres necesitan conversión todos los días, porque todos los días caen en tentación, y cometen pecado. Deben pedir perdón.

Pero, para que la conversión sea eficiente, deben ser conscientes del mal cometido, examinando sus conciencias, comprometiéndose a luchar, y pidiendo la gracia para resistir a la tentación.

Esto quiere decir acudir todos los días al silencio interior de la oración, del sacrificio, sometiendo los deseos de la carne a la propia voluntad, decidida a nunca pecar, y dirigiendo todo acción e intención, al único bien, que es Dios.

La conversión es una constante renovación del alma que fortalece el espíritu y perfecciona al hombre que, viviendo en amistad con Cristo, alcanza la plenitud y la paz en esta vida, y la gracia para resistir a toda tentación y caminar en libertad hacia la vida eterna. 

Acude tú cotidianamente a la oración, y haz un buen examen de conciencia, pidiendo perdón, y la gracia para resistir a las tentaciones y ganar todas las batallas contra el diablo, que es el enemigo de Dios.

Acude al auxilio de la Madre de Dios, que pisa la cabeza del enemigo. Te cubrirá con su manto y te protegerá.

Reconoce tu fragilidad y no te pongas en ocasión, porque tu carne es débil y caes en la tentación, cometes pecado y pierdes la batalla, y el único que gana es el diablo. No dialogues con él, porque es astuto y sabe cómo vencer. Es importante reconocer que existe, para poder defenderse de él. La mejor estrategia es tratarlo con indiferencia, alejándose de toda tentación y ocasión de pecado.

Pero, si un día perdieras la batalla, reconoce tu pecado, arrepiéntete, pide perdón, conviértete y cree en el Evangelio. Acude al sacramento de la reconciliación y vuelve a la amistad con Cristo, para que, ayudado por su gracia, resistas ante las acechanzas del enemigo, y permanezcas en el buen camino, viviendo en la alegría de alcanzar un día la vida eterna en el Paraíso».