Mt 21, 33-43. 45-46 - Viernes II de Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Éste es el heredero, vamos a matarlo.

«Jesucristo es el hijo de Dios Padre que está en el cielo, su primogénito, su heredero, su enviado para rescatar y recuperar lo que es suyo y le pertenece: la humanidad. 

Antes que a Él, envió a sus profetas con un mensaje de conversión. Pero no los escucharon. Los mataron.

Entonces envió a su único Hijo para anunciar la buena nueva del Reino de los cielos, y compartir su heredad, haciéndolos a todos hijos de Dios, a través de un bautismo de agua y fuego. Pero no lo respetaron. Lo capturaron, lo flagelaron, lo crucificaron y lo mataron.

Pero Él, que es tan bueno, se entregó por su propia voluntad, como ofrenda, para la expiación de todos los pecados de los hombres, y al tercer día resucitó. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular de la construcción del Reino de los cielos en la tierra. Esta es la heredad de Dios Padre que le dio a la humanidad, para que todo el que crea en Él se salve.

Acepta tú la heredad que, como verdadero hijo, Dios Padre te da, poniendo a Cristo al centro de tu vida, de todas tus actividades, y construye con Él como piedra angular, el Reino de los cielos en la tierra, a través de tu vida ordinaria, de tu apostolado, de tus oraciones, de tus buenas obras, de tu trabajo, y darás fruto abundante.

Jesús es el centro de tu vida. Él es la piedra angular en la construcción de tu vida, para que alcances la perfección y la santidad.

Él es el camino, la verdad y la vida. Te ha dado como herencia los tesoros de su Palabra, para que voltees a verlo, para que seas atraído hacia Él, porque nadie va al Padre si no es por Él.

Cree en el Hijo de Dios resucitado, que vive y está presente real y substancialmente en la Eucaristía. Adóralo, recíbelo, escucha su palabra y cumple sus mandamientos. 

Arrepiéntete y cree en el Evangelio. Entonces recibirás su heredad, participando de su Reino en la vida eterna.

Cristo es Rey. A Él todo el honor y la gloria por siempre».