Mt 23, 1-12 - Martes II de Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Los fariseos dicen una cosa y hacen otra

«El más grande de todos es también el más humilde de todos. Él, que es primero, se ha hecho último, y siendo último sigue siendo el primero.

Jesucristo, el Hijo de Dios, no ha venido a ser servido sino a servir.

Él es el Maestro. Dice una cosa y la hace, predica con la palabra y con el ejemplo.

Es Guía, Padre y Pastor. Sus enseñanzas están escritas en el Evangelio, para que todo aquel que quiera ser como Él siga su ejemplo, y haga lo que Él le dice, porque su yugo es suave y su carga ligera.

Jesús a los que ama los corrige. Él habla con justicia y con amor, con sabiduría y con misericordia. 

Corregir al que se equivoca es una obra de misericordia. Por tanto, es un acto de amor. Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, eso es lo que Jesús vino a enseñar.

No vino a abolir la ley, sino a darle plenitud, a corregir la manera de vivir la ley de tantos gobernantes y personas que sobre otros tienen mucho poder, y la soberbia, la envidia, el egoísmo, las tentaciones, las concupiscencias de la carne los dominan, y se engañan a sí mismos, pierden el camino y llevan a otros a la perdición. Ellos no conocerán el Reino de Dios. 

¡Cuánto sufre por ellos el Inmaculado y Doloroso Corazón de María!

Jesucristo ha venido a traer misericordia, pero vendrá con su justicia, y desconocerá y precipitará al abismo de fuego eterno, lejos de Él, a todo aquel que haya conocido el misterio de la cruz y no se haya corregido, no se haya convertido, no haya creído, no haya querido.

Tú, que eres llamado hijo de Dios, no digas una cosa y hagas otra.

Sé coherente con tu fe, practica la justicia, haciendo justicia a Jesús, correspondiendo a su amor, a su entrega de vida, a su misericordia; siguiendo su ejemplo, haciéndote último sirviendo a los demás, corrigiendo el camino, rechazando las tentaciones del enemigo, dirigiendo la mirada al cielo, y, a través de la predicación de la cruz, corrige al que se equivoca, para que conozca el verdadero camino del amor, de la reconciliación, de la caridad; camino de fe y de esperanza, de vida y de eternidad».