PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo: 25, 31-46) - (María Beatriz Arce de Blanco)
Vengan benditos de mi Padre
«La conmemoración de los fieles difuntos es motivo de alegría en la Comunión de los Santos, celebrando la vida del mundo en la Resurrección. Cristo ha vencido a la muerte. La misericordia de Dios es infinita. ¡Alegrémonos!, porque no sólo hemos sido llamados hijos de Dios, sino que lo somos. Vivamos de tal manera que el Señor no sólo nos llame hijos, sino que, cuando nos llame, nos diga: ‘vengan benditos de mi Padre, y tomen posesión de lo que es suyo, de lo que Dios tiene preparado para ustedes en el Reino de los cielos’. Y ¿cómo puede un alma alcanzar el cielo, librarse de los tormentos que merecen los pecadores en el infierno? El Señor, en su infinita misericordia, no sólo nos da la posibilidad de alcanzar la salvación, sino que deja claro, a través de su palabra, que la respuesta es poniendo la fe por obras, practicando con nuestros hermanos la misericordia, sin despreciar a ninguno, porque Él vive en cada uno, y lo que hagamos con ellos lo hacemos con Él, ya sea el mal o el bien. Si es el mal, por omisión, pensamiento o acción, merece castigo, y si el bien, merece salvación. El Señor vendrá con toda su gloria acompañado de sus ángeles, y separará a los que hacen el mal de los que hacen el bien; y condenará a los que le negaron su misericordia, y premiará a los misericordiosos con su misericordia.
Encomiéndate tú a la intercesión de los santos y de las benditas ánimas del purgatorio, para que, obrando la misericordia, seas partícipe de la gloria de la resurrección del Señor, participando en esta vida de su pasión y su muerte, como medio de santificación, para alcanzar en Él la vida, por los méritos de tus obras de amor».
