Mt 5, 20-26 - Viernes I de Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26) – (María Beatriz Arce de Blanco)

Ve primero a reconciliarte con tu hermano.

«El que quiera hablar de justicia, que mire la cruz y, en ella, al Justo Juez crucificado, pagando con su sacrificio las culpas de los condenados. Porque era tan grande su pecado, que no podían alcanzar por sí mismos el perdón y la libertad.

Por tanto, el Juez Divino, que es justo y misericordioso, quiso adelantar su misericordia a su justicia, y se ofreció a sí mismo en un solo y único sacrificio, como ofrenda agradable al Padre, para conseguir el perdón y reconciliarlos con Él, pagando con su sangre, derramada hasta la última gota, el rescate de toda la humanidad y la libertad.

Él no vino a abolir la ley, sino a darle plenitud, a través de un nuevo mandamiento: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como Él los amó. De modo que, el que quiera reconciliarse con Dios, debe primero reconciliarse con su hermano, perdonar y pedir perdón, y practicar la justicia y la caridad, procurando la fraternidad y la paz.

Agradece tú al Señor tu Dios, por haber sido salvado, perdonado, redimido, liberado, justificado, exonerado de toda culpa sin merecerlo.

Examina tu conciencia y revisa la rectitud de tus actos, tus rencores guardados y tus iniquidades, que te han alejado de la amistad con Dios, y vuelve arrepentido y humillado a pedir perdón a tu hermano ofendido, y también a Dios, porque ante el justo Juez no valdrán tus buenas obras, tus ofrendas y sacrificios, si están manchados con los pecados que Él, con su muerte en la cruz, ya te había perdonado, porque no supiste escuchar y aprovechar sus palabras de justicia y verdad.

Obra bien, practica la rectitud y la justicia, y vivirás. Pero, si desprecias a tu hermano, por tu pecado serás arrojado al fuego en el lugar del castigo.

Perdona y pide perdón. Reconcíliate con tus hermanos en este tiempo, que es de misericordia. No esperes a que llegue el tiempo de tu juicio y caiga sobre ti el peso de la justicia divina».