Mt 13, 10-17 - Jueves XVI del Tiempo Ordinario
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 13, 10-17) – (María Beatriz Arce de Blanco)

A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no.

«La Palabra de Dios está viva. La Palabra es sabiduría divina, es el Verbo de Dios que ha enviado al mundo para hacerse carne y entregarse a los hombres, para que todos puedan salvarse. La Palabra de Dios es justicia y es misericordia, es viva y eficaz, y más cortante que la espada de dos filos; penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón. La Palabra es Jesucristo, el Hijo único de Dios, la Verdad que se nos ha revelado. Es el Maestro que nos enseña el camino para llegar a Dios. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. 

La Palabra está al alcance de muchos, pero no todos están dispuestos a recibirla, porque, aunque tienen ojos y oídos, no quieren ver y no quieren oír, endurecen el corazón, y no están dispuestos a recibir la gracia y la misericordia de Dios. Por eso, aunque la lean y escuchen, aunque pregonen y prediquen, no comprenden y no es de provecho para sus almas, porque no le entregan su voluntad a Dios y no la aplican a sí mismo. Aun así, el Señor los busca, y les habla a través de las experiencias de vida, para sensibilizarles el corazón y se conviertan, para que abran los ojos y vean, y los oídos y oigan, y entiendan.

Permanece tú con el corazón abierto, bien dispuesto y receptivo a la Palabra de Dios. Pide al Espíritu Santo su luz, y deja que ilumine tu entendimiento. Déjate llenar de la gracia transformarte. Escucha la Palabra y déjate saciar con los exquisitos manjares del Sagrado Corazón de Jesús, que emana leche y miel, de donde proviene toda Palabra que sale de su boca y que está escrita en el Evangelio. 

Procura tu propia formación doctrinal y espiritual, para que esté bien preparada la tierra buena de tu corazón, para que la semilla, que es la Palabra de Dios, crezca en ti y te mueva a hacer sus obras, para dar fruto en abundancia, y ese fruto permanezca, para provecho y santificación de tu alma. Acércate al arca de los tesoros de Dios con el corazón contrito y humillado, y enriquece tu espíritu con su maravillas, permaneciendo atento y a la escucha, porque una sola Palabra suya basta para sanarte».