PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo: 18, 1-5) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Hermano sacerdote:
hoy es la fiesta de los Santos Ángeles Custodios
En el evangelio de la misa de hoy, tomado de san Mateo: 18, 1-5. 10, se recoge la escena cuando los discípulos le preguntaron a Jesús quién es el más grande en el Reino de los cielos. El Señor les habla de la importancia de hacerse pequeños, como niños, y les pide que no desprecien a los pequeños, porque sus ángeles en el cielo ven continuamente el rosto del Padre.
Al finalizar esta jornada, pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine, para que la palabra de Dios, que es como una espada de dos filos, penetre en nuestro corazón y nos mueva a la conversión.
Vamos a reflexionar en ese pasaje del santo Evangelio, acudiendo a la Virgen Santísima, para examinar nuestra conciencia sobre cómo es nuestra devoción a los ángeles custodios. Revisemos si agradecemos su protección y ayuda, y si nos dejamos acompañar por él, permitiéndole que nos asista en nuestra misión, y aprendiendo de él a alabar y adorar el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Meditemos, como nuestra Madre, todas las cosas en nuestro corazón.
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Sus ángeles en el cielo ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.
«Los ángeles son seres espirituales, no tienen materia. No ocupan espacio, están por todas partes, son millares. No ocupan un lugar ni en el tiempo, ni en el espacio. Son seres que viven en la eternidad de Dios, para adorar y servir a Dios. Son sus enviados para protegernos y ayudarnos a llegar al cielo. Ellos ven a Dios cara a cara. Son mensajeros de alegría, de paz, de esperanza y de amor. Nos traen la luz de Dios. Son un vínculo entre los hombres y Dios, y nos ayudan a llegar a Él. Son el conducto a través del cual le llegan a Dios nuestras ofrendas. Nos ayudan a tomar decisiones. Tienen poder para protegernos del mal en el mundo, pero respetan la voluntad y la libertad de cada persona, no pueden convencer a alguien de que haga lo que no quiera hacer. El ángel custodio es un amigo, un compañero de vida, que nos cuida a cada uno desde el instante de ser concebidos. Los ángeles custodios de los que son como niños, los que son limpios y puros de espíritu, se presentan ante Dios cara a cara, porque tienen ofrendas de ellos para llevarle todo el tiempo.
Escucha a tu ángel, trátalo, agradécele, pídele ayuda, recibe sus consejos y cuidados, permite que obre y actúe sobre ti, para que te cuide y te proteja. Él está siempre junto a ti, para cumplir la misión que Dios le ha encomendado. Ésa misión eres tú».
