PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 18, 21-35) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Si no perdonan de corazón a su hermano, tampoco el Padre celestial los perdonará a ustedes.
«La manifestación más grande de amor es el perdón. El hombre que perdona de corazón requiere ser compasivo y misericordioso –como su Padre del cielo es compasivo y misericordioso–, y tener un corazón de carne, semejante al de Cristo, para tener sus mismos sentimientos.
La manifestación de amor más grande de Dios por los hombres es Cristo crucificado. Todo su cuerpo herido, flagelado, destrozado de dolor, asumiendo todos los pecados de la humanidad, como ofrenda de expiación, en un solo sacrificio, de una vez y para siempre, entregando la vida para destruir el pecado con su muerte, clavado y expuesto en la cruz, es el signo perfecto del perdón por amor.
El hombre justo perdona setenta veces siete, que quiere decir siempre; tanto, como él ha sido y será perdonado por su Señor crucificado, porque siempre quedará en deuda, porque el valor del sacrificio de su Señor es infinitamente más grande que el valor de él, pobre pecador. Perdonar de corazón a su hermano es lo menos que él puede hacer.
Agradece tú al Señor, que ha pagado tu deuda, y pídele que te dé un corazón compasivo y misericordioso, como el suyo, para que te comportes con tus hermanos de la misma manera que Dios lo hace contigo, para que perdones y seas perdonado, porque de la misma manera que tú trates a los demás, serás tratado.
Si tu hermano te ofende, perdónalo de corazón, no le guardes rencor, tal y como lo hace contigo tu Padre que está en el cielo.
Aprende de la Virgen María a perdonar. Pídele que interceda por ti para que recibas un corazón misericordioso y compasivo, como el de Jesús.
Arrepiéntete y conviértete, para que tu corazón de piedra se transforme en un corazón de carne, para que tengas sus mismos sentimientos: que sufra, que sienta, que perdone, que ame».
