Mt 17, 1-9 - Domingo II Cuaresma
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PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9) - (María Beatriz Arce de Blanco)

Los hizo subir a solas con él a un monte elevado, y ahí se transfiguró en su presencia

La Transfiguración del Hijo de Dios es la revelación de la gloria del Padre a los hombres a través de la verdad, que es Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, manifestando el amor del Padre sobre toda la humanidad, que tanto amó al mundo, que le entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en Él, no muera, sino que tenga vida eterna.

Dios Padre se reveló a sí mismo a través del Hijo, por el Espíritu Santo, para que después los hombres pudieran comprender que Cristo es mediador entre Dios y los hombres y, por su resurrección, les concede poder llegar a Él, y gozar de su gloria en la vida eterna.

Dios Padre permite a los hombres ver su gloria a través de Cristo resucitado, y les da un mandamiento mostrándoles el camino para llegar a Él: “éste es mi Hijo amado, escúchenlo”.

Tres testigos de la divinidad de Cristo eligió Él: Pedro, Juan y Santiago, mostrándose ante ellos tal cual es, para que fortalecieran su fe, y dieran testimonio de Él.

Cree tú en el resucitado, que se presenta ante ti, y se muestra tal cual es en la Eucaristía. Es su cuerpo, es su sangre, su alma, su divinidad, su presencia viva. El mismo que padeció y murió crucificado por ti, resucitó, y se entrega a ti para alimentarte y compartir contigo su gloria, configurándote con Él al recibirlo, porque no es Él quien se transforma en ti, sino que te transforma en Él, para hacerte igual a Él, hombre y Dios.

Pero antes, pídele con el corazón contrito y humillado que limpie y purifique con su bendita sangre tus vestidos manchados, y resplandezcas con la blancura de sus vestiduras, libre de todo pecado, para que seas digno de recibirlo.

Obedece al Padre y escucha al Hijo a través del Evangelio, y pon en práctica su palabra, para que manifiestes al mundo tu fe.

El Hijo de Dios, que padeció y murió por ti para salvarte, resucitó, y vive en ti. Ese es tu testimonio, porque si no crees que Cristo resucitó, vana es tu fe».