PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 20, 17-28) - (María Beatriz Arce de Blanco)
Lo condenarán a muerte
«Beber el cáliz de Cristo es participar con Él en su sacrificio, abrazando la cruz de cada día a través del servicio al prójimo, presto y alegre, amándolo como a uno mismo.
Es cáliz de salvación que todo cristiano debe beber, por su propia voluntad, para profesar con obras su fe, correspondiendo al amor de Dios, que tanto amó al mundo que le entregó a su único Hijo, para que fuera condenado a muerte, burlado, azotado, crucificado, y así Él diera su vida por su propia voluntad, para la redención de toda la humanidad.
Pero es un cáliz que cada uno debe aceptar en libertad y en plena conciencia, cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios y los mandamientos de la Santa Iglesia, escuchando la palabra y poniéndola en práctica con virtud a través del apostolado, haciendo obras de misericordia para ayudar a los más necesitados, acudiendo con frecuencia a los sacramentos, y transformando la vida ordinaria en una constante oración, haciendo todo por amor de Dios. Eso es beber el cáliz de Cristo.
Cáliz de santidad que comparte Él mismo con todo aquel que quiera la salvación alcanzar.
Cáliz de vida, por el que Cristo nos ha alcanzado la vida eterna en su resurrección.
Atrévete tú a beber del cáliz de Cristo, para que tengas parte con Él en el Paraíso.
Él no ha venido a ser servido, sino a servir, y a darte ejemplo para que hagas tú lo mismo, porque, para ser primero como Él, debes hacerte último. Él es el primero y el último, el principio y el fin.
Acude al auxilio de tu Madre del cielo, que, haciéndose esclava del Señor, fue elegida para ser Madre de Dios, y pide su intercesión ante Dios nuestro Señor, para que te conceda la humildad y la fortaleza para soportar ser perseguido por la causa de Cristo y permanecer, a pesar de todo, a su servicio, con fidelidad, amando tu cruz, y llevándola con alegría, porque no sólo has bebido un poco del cáliz, sino que te has embriagado del amor de Cristo».
