PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 6, 19-23) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.
«El Señor advierte que los tesoros en la tierra son finitos, se acaban, y hace una invitación a los hombres para que acumulen sus tesoros en el cielo, que son los bienes infinitos y eternos.
No es malo poseer riquezas y bienes materiales, si se aprovechan para poner esos tesoros al servicio de los demás, para hacer la caridad, y no para acumularlos por ambición. Porque sabemos que todos moriremos y, de todo eso, nada al otro mundo nos llevaremos, sino sólo los frutos de nuestras buenas obras.
Los tesoros espirituales son los dones, frutos y carismas que el Espíritu Santo nos da, para que con ellos practiquemos las virtudes con heroicidad, en la búsqueda de la santidad.
Abre tú los ojos de tu alma, viviendo a la luz del Evangelio, en unidad de vida, orando y trabajando por la justicia y la paz, acumulando en el cielo los tesoros que, como herencia, te da la Santa Iglesia –porque eres hijo de la Iglesia e hijo de Dios–, a través de los sacramentos, por los que recibes el tesoro más grande, que es la vida del espíritu.
Asegura tus tesoros para la vida eterna, poniéndolos en las manos de María, la Madre de Dios, pues ella es Casa de Oro y Arca de la Alianza, en donde se contienen los tesoros de Dios».
