PREGONES (Reflexión del Santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12) – (María Beatriz Arce de Blanco)
Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así.
«Jesucristo no vino al mundo a abolir la ley, sino a darle plenitud.
Los mandamientos de la ley de Dios son inmutables, porque provienen del amor y de la sabiduría divina. Quien los quebranta peca gravemente, porque ofende al Espíritu Santo, desobedece los mandatos de Dios impuestos a la humanidad de acuerdo a su plan divino, y no vive en su voluntad.
El Señor ha realizado la creación de acuerdo a un orden. A la humanidad, desde un principio, con dos sexos distintos la definió: hombre y mujer los creó, para compenetrarse y ser una sola carne, y dar vida, porque a multiplicarse y poblar el mundo los mandó. Pero el hombre, por el pecado, ha distorsionado el plan original de Dios.
Cristo ha venido a restaurar el orden a través de los sacramentos. El matrimonio es una vocación que comprende sólo aquel que tiene el don de la sabiduría divina, y orienta su vida, sus pensamientos y acciones hacia la única verdad, que es Dios.
Acepta tú los mandamientos de la ley de Dios, enséñalos, practícalos. Vive la virtud de la castidad de acuerdo a las condiciones de tu vocación. Si eres casado, cumple con tu responsabilidad de mantenerte abierto siempre a la vida, y a la posibilidad de procrear de acuerdo a la voluntad divina. Si eres soltero o sacerdote, vive la abstinencia. Pero, en ambos casos, procura siempre la pureza de tus pensamientos y de tus actos, amando a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.
Y si caes en tentación, procura que la dureza de tu corazón no te aleje del plan perfecto de Dios. Arrepiéntete y pide perdón, y vuelve al orden correcto, para que alcances la perfección y la vida eterna».
